Capítulo I
El sol se asomó en el horizonte, el vuelo 009 había llegado a su destino, los pasajeros estaban en fila en proceso de revisión del equipaje, todo transcurría con normalidad en aquel lugar. Cuando una mujer de cabellera canela, ojos avellana y una piel blanca como la porcelana, caminaba a pasos elegante hacía el baño, ella siendo la primera en salir del transcurso habitual del aeropuerto internacional.
Entro al interior del baño, arrastrando una maleta en una de sus manos mientras que en la otra llevaba un maletín n***o. Al ya estar ubicada al frente del espejo del lavamanos sacó un labial rojo de su bolsillo lateral en la chaqueta marrón de cuero que tenía puesta, para aplicárselo sobre sus labios, con tres movimiento este quedó uniforme en sus carnosos labios. No obstante, una suave vibración en su bolsillo en el pantalón, provocó que guardará el labial, para sacar el teléfono, y sin perder tiempo presionar el botón verde.
—Estoy a la espera con el objetivo, señor—mencionó, a la otra persona.
—El agente llegará en breve, señorita Delux—una voz profunda le informó a través del artefacto.
Sólo con esa pequeña conversación telefónica se cortó la llamada, la agente en cubierto se dedicó a sujetar su equipaje para salir del baño, todo afuera se observaba en normalidad. Sin embargo, antes de poner un pie fuera del baño. Unos hombres vestidos completamente de n***o detuvieron su andar, uno era rubio, de ojos verdes, mientras el otro era moreno, de ojos oscuros, ambos con una contextura corpulentas.
—¿Algún problema, caballeros?—le preguntó la mujer en un tono de voz calmado.
—Lo habrá si usted no coopera con nosotros—habló el rubio con un acento ruso marcado.
—No sé, de que me hablan—disimulo la dama, a la vez que se encogió de hombros.
—Entéjanos el dispositivo y nadie saldrá herido—dijo el moreno, sacando una arma de su cinto.
Esa fue la señal indicadora que necesitaba la agente en cubierto, para soltar la maleta de ruedas y aferrar su mano derecha al maletín n***o. Dio un pequeño giró levantando el maletín para así darle en el rostro al hombre moreno. Se percato que el ruso sacó el arma lista para disparar pero ella fue más agilidad y se agachó proporcionándole una patada en la pantorrilla de este haciéndolo caer al suelo sentado, para la mujer aprovechar ese tiempo y salir del baño corriendo con el maletín entre sus manos.
(...)
En las afueras del aeropuerto
Un hombre sumamente atractivo de cabello castaño perfectamente acomodado en un copete, de unos penetrantes ojos azules, una barba perfectamente cortada, tenía puesto un impecable traje oscuro elegante. Él salió de un auto deportivo n***o, llevaba entre su mano derecha un pequeño dispositivo de rastreo, por lo que tenía en claro que debía rastrear la señal emitida por el objetivo, el cual le indicará cuál era la agente en cubierto que debía encontrar en aquel lugar.
—Está cerca—susurró, mirando la pantalla.
(...)
En otra parte del aeropuerto
Una hermosa mujer corría por salvar no sólo su misión sino su propia vida. La agente Delux sentía la cercanía de las pisadas casi encima de ambos hombres rusos dispuestos a todos por conseguir el importante dispositivo.
—No huirás—gritó el rubio con voz agitada.
Con gran habilidad la mujer esquiva a los demás pasajeros, sus tacones resonaba con vigor contra el suelo, a duras penas ingresó al cuarto donde pasan las maletas en un banda electrónica que sacaba al exterior el equipaje de los aviones. La agente se acercó a una maleta al azar, sacó de su bolsillo el labial rojo para abrir el maletín y guardar un pequeño chip en una abertura en la base de este, metiéndolo en el interior de la maleta. Un sonido de alivio se escapó de sus labios al ver la maleta salir por la banda electrónica, ella decidió salir de ese lugar, pero fue una errónea idea.
Ella sintió como la tomaron del cabello.
—¡Aquí estás, perra!— Espetó el moreno, halándolo la cabellera con mucha fuerza.
La mujer intento golpearlo para que le soltara del agarré pero sólo logro sentir la sensación del hierro en su cabello, le apuntarán directamente con el arma, sin más se rindió; en ese momento se dio cuenta que ya no tenía escapatoria, solo le quedaba hacer lo que le indicarán o tratar de sobrevivir, dado que esos hombres acabarían sin dudar con su vida por obtener el dispositivo.
—¿Dónde está el dispositivo?—Gritó el otro hombre enfurecido.
—No tengo ningún dispositivo—dijo, jadeando de dolor por el agarre en su cabello.
—¡No juegues conmigo! ¡Dámelo!—exclamó, mirándolo fijamente.
El hombre rubio se acercó a ella y le arranco el maletín n***o de sus manos, para abrirlo impaciente por el contenido pero al darse cuenta que no había nada lo arrojó con fuerza contra el suelo, quedando este abierto por completo.
—¿Dónde está?—le preguntó, tomándola el rostro con demasiada fuerza con la mano.
—No tengo ni idea de lo que dices—dijo la mujer, sintiendo el agarre con mayor intensidad en su rostro.
—Es la CIA, ustedes son expertos en engañando, de seguro se lo diste a alguien más—razonó el moreno, dispuesto a accionar el arma.
—¡No tengo la menor idea de lo que usted me está hablando!—exclamó la mujer, haciéndose la desentendida.
El hombre rubio sacó un artefacto de su bolsillo para empezar a buscar la señal del dispositivo, se dio cuenta que estaba en movimiento en ese momento no muy lejos de donde se encontraban ellos, por lo que debían reaccionar lo ante posible.
—Sigue aquí en el aeropuerto—mencionó con su acento ruso, para luego mirar a la mujer.
—Eres una mentirosa—masculló entre dientes el moreno.
—¿A quién le diste el dispositivo?—agregó perdiendo la paciencia.
La agente sintió como le sujetaba con fuerza su cuello, miró al rostro de su agresor sin ninguna expresión de miedo, para mover su mirada hacia un punto muy alejados de ellos. Observando a una chica de larga cabellera castaña, piel blanca y tenia un vestido verde, pero lo que captó su atención fue la maleta que estaba siendo arrastrada a un costado de ella.
La misma donde había guardado el chip.
En ese momento no se dio cuenta que el hombre rubio había seguido el trayecto hasta lo que estaba observando Delux, ¡o no!, la mujer acababa de hacer el más grande error que le costaría no solo su vida, sino la de la pobre chica que ni siquiera estaba al tanto de la situación.
—Ella lo tiene, de seguro es otra agente en cubierto—mencionó el de cabello rubio, analizando la situación.
El rubio soltó con brusquedad el cuello de la mujer listo para ir tras la chica, pero la agente fue más rápido y con sus piernas logro hacerlo caer, sin importarle que tenía un arma en su cabeza hasta el final debía cumplir la misión por eso ya estaba dispuesta a morir; ella paso la mano por su cuello mientras que aún tenía una tos a causa del agarre por el hombre.
—Mátala—le ordenó el rubio al moreno.
El hombre a sangre fría accionó la arma, dejando en el ambiente el sonido fulminante del disparó, que sin más a travesó el cráneo de la mujer, la cual, se desplomó al suelo. Una escena que escandalizó a los demás pasajeros que estaban cerca de aquella área un tanto desolada del aeropuerto, las personas comenzaron a huir mientras que los guardias corrían hacía esa dirección.
Ambos hombres huyeron sin dejar rastro, tenían un plan listo para llevar a cabo.
(...)
En la entrada del aeropuerto
Una chica no más de veinte años recién cumplidos, caminaba escuchando música con unos audífonos a volumen medio ignorante de lo que pasaba a su alrededor, hasta que el sonido de un disparo y el ajetreo de las personas le saco de su perfecta burbuja.
—¿Qué fue eso?—preguntó la chica, sacando sus audífonos y parando la lista de reproducciones en su teléfono.
La castaña giró al ver el alboroto dentro del lugar, pero ya estaba teoríamente afuera del aeropuerto, para ir a chismotear, aunque no era algo de su agrado así que no le dio importancia y siguió su andar, mientras que se disponía a colocarse sus auriculares.
—Señorita, la estaba esperando—una profunda voz de un hombre detuvo su camino.
Ella detuvo sus movimientos y de esta manera levantar la mirada, para darse cuenta de la presencia de hombre simplemente hermoso al frente suyo, apoyado en un auto n***o; con un traje sumamente elegante, tal cual un empresario millonario en las películas.
—¿Qué?—Formuló confundida hacía el hombre atractivo.
Venus no tenía ni la más mínima idea de ¿Quién era?, Pero al parecer él si la conocía porque le habló con un tono tan familiar que le hizo dudar, en decirle que no lo conoce, pero le era imposible, dado que ella venía era de visita y anteriormente no ha hecho amigos en ese país.
La duda creció en su rostro, al no saber ¿Qué era lo que estaba pasando?
A lo mejor ahora era la nueva modalidad de los taxistas el usar trajes tan elegantes y autos finos, podía ser pues ella venía desde otro continente a visitar a su abuela en vacaciones. Pero esta vez era completamente diferente, porque ella sentía que su cuerpo no reaccionaba al tener el contacto con los hermosos ojos azules del hombre misterioso.
—¿Vamos?—le preguntó el hombre, con una pequeña sonrisa hacía la morena.
—Si, supongo—murmuró, haciendo un pequeño gesto con su boca.
Venus asoció que el hombre frente suyo, de seguro lo contrato su tía, debido a que la última vez ella se perdió al llegar al aeropuerto por haberse ido sin esperar a nadie. Aferró su mano a la maleta para empezar a andar en dirección del auto n***o, le entregó al hombre su equipaje que sólo constaba de dos maletas pequeñas, porque era poco tiempo el que venía a pasar con sus familiares.
—Bien, vámonos lo antes posible, porque la abuela se intensifica si no ve que llegó—dijo la joven como si nada.
El hombre estaba completamente confundido, se supone que ella ya debería dejar de actuar y entregarle el dispositivo, para poder irse a seguir con sus asuntos de trabajo en la agencia, pero por alguna extraña razón esa chica estaba actuando demasiado bien.
—¿Señorita, usted sabe quién soy?—le preguntó, cargando el equipaje entregado por ella.
—¡Eres un taxista, dah!—exclamó, sin mucha importancia abriendo la puerta del vehículo.
En ese momento el rostro del hombre era una poesía de romance trágico griego, al no entender. ¿Por qué ella estaba actuando así? Su boca está abierta ligeramente confundido, era extraño porque su jefe le había indicado que la agente sabría que él vendría a buscar el dispositivo. No obstante, guardo el equipaje en el maletero para ir al asiento de pilotó del auto, cuando se aseguró que todo está cerrado, la miró por el vidrio retrovisor.
—Creo que usted está confundida, yo soy Thomas Smitt—le aclaró el conductor con un tono tranquilo.
—¿Es una nueva modalidad el presentarse con el cliente?—le preguntó, apoyando sus codos sobre las rodillas. —Pero admito que eres demasiado hermoso por lo tanto te diré mi nombre— rió por lo bajo—Soy Venus Williams
Una idea se le vino a Thomas al pensar que tal vez ella estaba actuando de esa manera debido a que corría algún peligro en ese lugar, por lo cual no le tomo demasiado importancia a ese hecho, sino el poder culminar la misión con éxito.
—Bien te llevaré a las oficinas centrales—comentó el hombre, insertando la llave en el vehículo.
—¿Oficinas? Yo quiero ir a mi casa—agregó, la castaña un poco asustada, empezaba a creer que la secuestrarían.
Sin embargo, el grito de un hombre en un idioma que no conocían los saco de aquella pequeña conversación que sostenían. El agente miró por el vidrio de la ventana del auto para ver dos hombres vestidos de n***o buscando de manera desesperada algo o a alguien.
—¡Allí está!—gritó el moreno, sacando el arma y apuntando en dirección a ellos.
Thomas no perdió el tiempo para poner a andar el auto a toda velocidad, sin importarle romper algunas normas de tránsito, lo único que ahora debía hacer era huir de aquellos hombres que deseaban el chip tanto como él, por lo cual su deber es mantener a salvo a la agente portadora de tan valiosa información y al dispositivo.
—¿Quiénes son?— preguntó histórica la joven.
Venus estaba completamente asustado, su pecho subía y bajaba violentamente, mientras enterraba las uñas en la parte de abajo del asiento al sentir la velocidad ejercida en el transporte, no podía negar que está más confundida que antes por toda esa nueva situación peligrosa en la que se acaba de meter sin que ella lo buscará.
—Esos hombres te siguen a ti—mencionó el hombre para mirar por el retrovisor del auto como una camioneta negra les seguía—Y ahora a los dos.
—¡Ni siquiera los conozco!—gritó asustada, cerrando con fuerza los ojos.
—En esta situación deberías dejar de fingir porque tienes algo que no deben caer en manos de ellos y que eso no pase es mi trabajo—dijo, acelerando sobrepasando el límite permitido de velocidad.
—¡No entiendo a qué te refieres!, Sólo quiero que te detengas—le suplico la chica estando realmente atemorizada.
—¿Acaso quieres morir?—le preguntó el hombre con un toque de ironía.
—¡Qué!—gritó la mujer, abriendo sus ojos húmedos por las lágrimas que se retienen en salir, a la vez que realizaba un puchero.
El hombre la miró de reojo por el vidrio retrovisor y al ver el gesto tan infantil de la chica, sólo bufo con molestia.
—Venus, por favor no actúes como una niña—agregó Thomas, mirando la carretera en búsqueda de una posible vía de escapé.
La castaña soltó una pequeña risa irónica y causadas por los nervios, pero en realidad ella aún era todavía una chiquilla asustada, solo tenía dieciocho años recién cumplidos. Su cuerpo reaccionó solo al escuchar disparos en la dirección del vehículo, aunque Thomas supiera que su auto era blindado trataba que le hicieran el menor daño, porque era propiedad de la agencia.
—Estoy asustada y quiero bajar—comentó Venus, agachándose en el asiento trasero.
—En serio, que eres sorprendente aún sigues en tu actuación—comento el agente, haciendo un movimiento de volante hacía un costado.
La chica se sintió como una fruta en la licuadora por tal brusco movimiento de automóvil, que le genero un malestar estomacal de forma involuntaria con unas inmensas ganar de botar lo que había consumido antes de bajar del avión esa mañana, esto iba de mal a peor.
Solo deseando salir ilesa de todo.
—No te atrevas a estropear mi coche—dijo, al ver por el retrovisor el rostro pálido de la chica.
—¿Eso te preocupa? ¡Hay dos sujetos que quieren matarnos!—señalo por el vidrio trasero a la camioneta que estaban dejando muy atrás.
—Eres la mejor actriz que he conocido en mi vida—agregó el hombre, entrando a un callejón.
Él no dijo nada más simplemente presionó un botón rojo que se encontraba a un costado donde se incrustaba la llave e hizo aparecer lo que era un panel de control completo en la parte de la guantera con un sistema sofisticado.
—¡Wow!—exclamó, sorprendida hasta que el presionó uno en específico.
Su boca casi cae al suelo al darse cuenta que el auto n***o había cambiado su color a un azul eléctrico como por arte de magia, siendo tan sorprendente que tuvo que quedarse unos minutos tratando de procesar lo que acababa de suceder a su alrededor.
—¡Quiero uno de estos coches!—exclamó emocionada, dando un aplauso con sus manos.
—Trabajarás toda esta y la próxima vida para poder comprar uno de estos—comentó Thomas en broma con una sonrisa.
Venus giró suavemente para observar por el vidrio como la camioneta negra que les siguió por la carretera, no se percató de que ellos estaban allí en ese callejón sino que pasaron de largo. De sus labios se escapó un largo suspiro de alivio, ansiosa por el lío que ahora estaba metida sin ni siquiera tener conocimiento de lo que pasa. Para ella era como estar en medio de una película de ciencia ficción de agentes secretos o algún ente gubernamental donde buscaban los malos alguna información, pero toda esa situación no estaba tan alejado de la realidad, por algo siempre dicen que la realidad puede llegar a superar a la ficción.
—Ahora tenemos que ir a las oficinas principales porque si ellos ya saben de ti de seguro te buscarán en algunos de los lugares que transitas con normalidad—encendió una vez el motor del auto.
—¿De quién debo esconderme?—pregunto, asustada inclinándose hacia adelante en el asiento.
—Ya es momento que dejes de fingir—hablo el agente secreto, rodando los ojos con cierto fastidio
—En que líos estoy metida ahora—susurró, para sí misma mientras pasaba una de sus manos por su frente.
Continuará...