Rechazar la propuesta

1245 Words
Capítulo 2 Rebeca Escucho mi teléfono timbrar al número que acabo de marcar, pero por más que lo desee este no me levanta la llamada en los primeros timbres. Ya que al igual que mis padres este suele ignorarme según él por mi propio bien. – ¿Por qué me llamas tan temprano? Ni siquiera es medianoche – me pronuncia esa voz que tanto conozco desde el otro lado de la línea. – Necesito que vengas por mí por favor, quiero ir a casa – digo con mi voz bastante cansada, pero solo recibo un suspiro pesado de su parte. – ¿Sabes que no lo haré verdad? Estoy cansado de verte siempre sola en casa, aún eres joven y necesitas divertirte Rebeca. – Por favor Alexander ven por mí, no me siento bien y ya me han arruinado la noche. Sé mi hermano protector de siempre en esta ocasión y ven a buscarme. – Está bien, pequeña ¿Estás dónde siempre? – Por supuesto – digo haciéndole señas al mesero de turno para que me atienda y poder comer algunas rebanadas de pizza. Veo la camioneta Cherry de color rojo de la familia y suspiro aliviada al ver que mi hermano no tardó mucho en llegar. No obstante, me doy cuenta de que este no viene solo, sino que también está su mejor amigo Alan y mi hermano menor Kevin. – ¿Qué pasó? ¿Por qué andan todos juntos? – le pregunto una vez este está a mi lado. – Alan tuvo un problema con su coche y se quedó varado en la carretera, así que aproveché que iba a buscarle unas pastillas a Estefani para ir a buscarlo a el también. Kevin solamente me está haciendo la media porque no quería ir solo en casa. – Espero que Estefanía esté bien, no me gusta para nada esos dolores que está teniendo. – Lo sé, a mí tampoco me gustan, pero por más que vamos al médico ninguno sabe decirnos que es lo que tiene exactamente. Para ellos son dolores menstruales normales, pero yo estoy seguro de que hay algo más porque siempre son demasiado fuertes. Estefanía es la esposa de mi hermano y últimamente ha presentado muchos dolores pélvicos antes de que llegue su pedido, pero misteriosamente estos desaparecen de la nada como si nunca hubiesen estado. Muchas noches me he despertado en la madrugada y la he visto llorando de los terribles dolores que comienza a sentir, sin embargo, los doctores por más análisis que le hagan no han logrado detectar qué es lo que sucede exactamente con ella. Además, hay veces en las que mi hermano se desespera al no saber que hacer con ella y se culpa una y otra vez por no poder llevarla a uno de esos hospitales súper costosos donde de seguro descubrirían que tiene al instante. Desgraciadamente para nosotros, nuestra situación económica no nos permite darnos ese lujo y solo nos toca esperar un milagro. Los cuatro ya juntos dentro de la camioneta, nos mantenemos todo el viaje en silencio hasta llegar a la casa. Yo solamente quería llegar para acostarme a dormir junto con mi bebé, ya que ahora ocupa el cuarto que antes era mío y que ahora sus abuelos lo adaptaron para ella y para mí. – Bueno, muchachos, yo los dejo. Quiero ver a mi bebé así que buenas noches – digo caminando hacia la entrada de la casa, pero Alan me detiene antes de avanzar más y yo lo miro extraño. – Espera un momento Rebeca, quiero hablar contigo si me regalas cinco minutos por favor. – Si Alan, no te preocupes ¿Qué pasa? – le pregunto viendo como mis hermanos nos dejan solos y creo que ya sé por donde viene está conversación. – Bueno, es que yo quería saber cómo estabas. Hace tiempo que no hablamos y me gustaría invitarte a salir un día de estos – dice él muy amablemente, pero para ser sincera nunca me ha interesado como hombre. – Alan, tú sabes que conozco tus verdaderas intenciones con esto de invitarme a salir, pero sabes que no puedo aceptarlo. Yo tengo y un hijo y tú... – Yo estaría más que contento si tú me dieras una oportunidad de estar al lado tuyo y de tu hijo, sabes perfectamente que yo te quiero. – Por favor, no sigas. Mi respuesta siempre va a seguir siendo la misma, porque yo no te puedo ver como algo más que un amigo de mi hermano. – Ah claro, a mí no puedes verme como algo más que un amigo de tu hermano, pero bien que pudiste con el mal nacido de Esteban. – ¡Mira, Alan! No te voy a permitir que me hables así, lo mejor es que te vayas si no vas a entender mis palabras porque no pienso volver a cometer el mismo error. Lo de Esteban ya me ha acostado bastante caro, así que buenas noches y que esta escena no se vuelva a repetir – digo dándome la vuelta marchándome de ahí y en cuando entro a la casa y cierro la puerta me permito liberar mi furia con un pesado suspiro. – Mañana mismo me sentaré a hablar con ese idiota, no pude tratarte de esa manera y mucho menos decirte una barbaridad como esa – dijo mi hermano con su rostro bastante serio y al parecer escuchó mi conversación que tuve con Alan detrás de la puerta. – No le prestes atención Alexander, él solamente se siente frustrado porque no le puedo corresponder a sus sentimientos y es normal que reaccione así. Es solamente que no puedo darle falsas esperanzas porque yo por ahora únicamente siento un cariño de amistad hacia él y nada más. – Aun así, Rebeca. Yo le dejaré un par de cosas claras a Alan, él debe entender que por más que lo intente tú no vas a darle esa oportunidad y ya ha tenido tres años para darse cuenta de eso. Alan será mi amigo y todo lo que quieras, pero por encima de eso tú eres mi hermana a la que tiene que respetar – dice este llegando hacia mí para abrazarme entre sus fuertes brazos. – Está bien, haz lo que quieras. De nada me sirve tratar de convencerte de algo porque cuando se te mete una idea fija en la cabeza eres igual de terco que yo. Ahora sí me disculpas, me voy a mi habitación. Necesito abrazar a mi pequeño príncipe y dormir por muy largo tiempo mientras siento su rico olor a bebé. – Está bien, pero espera un momento. Quiero que me digas qué fue lo que sucedió en el bar para que me llamaras tan temprano. Me quedé muy preocupado porque me dijiste que te habían echado a perder la noche. – Ah eso, ya lo había olvidado, pero lo que sucedió fue que un idiota me nalgueo cuando estaba caminando hacia las chicas y tuve que ponerlo en su lugar. No solo le tiré a mi bebida encima, sino que también le pegué una fuerte cachetada que hizo que todos a nuestro alrededor mirarán la escena. – Esa es mi hermanita, pero me hubiese gustado estar ahí para romperle la cara al idiota que te nalgueo. – Ya olvida eso, sabes perfectamente que yo me defendí muy bien sola y afortunadamente el patán no hizo nada más. No obstante, ahora sí buenas noches y que descanses bien.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD