Capitulo 2

1763 Words
—Oojjj que pesa esta mujer. —Creo que es mas gordita de lo que era Kezi. —Adiel lleva a mi hija en brazos, la lleva mirando hacia adelante y encima ella se sacude haciendo que se sienta mas pesada. —No sé qué comprarle al tio, no tengo idea. —Yo menos, ¿Qué se le compra a las personas que ya lo tienen todo?. —Yyyy. —niego mirando hacia todos lados sin saber que decir—. ¿Un perfume?. —Nooo Elias, estas re loco. —¿Y qué le vas a comprar?. —queda en silencio sin saber que decir, lo mira a Bena que se rie a carcajadas. —Un perfume. —le doy una patada porque me jode y esta igual que todos. —Mmmm que hermosa bebé, y cualquiera sea el papi también. —seguimos caminando sin decir nada porque la verdad que es incómodo. —Esos comentarios me enseñaron nunca decirle nada a una mujer en la calle. —Adi va con un gorrito y Bena lleva gorra, intentan que no los reconozcan, pero eso dura un poco. —Holaaaa... —un nene alza la mano sonriendo. —Hola amigo. —Bena le da la mano y el nene salta feliz y lo abraza. —¿Podrás regalarnos una foto?. —la madre habla con una sonrisa enorme y con ojos soñadores tambien, cosa que me da risa. —Obvio. —agarro el carro que lo llevaba Bena y mi hija cuando mas personas se acercan a pedir foto con los dos y yo sonrio de alegría porque son ejemplos a seguir de otros chicos—. Hola hermosa. —Holaaaa. —se agacha al lado de la nena que sonrie sin parar y la madre saca varias foto —Déjame ver como sale. —mira la foto sonriendo—. Saliste muy bella princesa. —Gracias. Caminamos como podemos porque se empiezan a amontonar cada vez mas personas y a todos les firman y se sacan fotos, hasta mandan saludos de cumpleaños o niños que están internados, y esas son cosas que mis papás siempre les dicen, mas que nada mi papá, que deben ser amables con las personas, que puede llegar a ser un poco molestoso pero con una foto, un autógrafo y un saludo, les pueden alegrar el día a cualquiera y mas a los niños que son los que mas se ilusionan. —Bueno hija. —sentado en una mesa espero a que vengan, le preparo una mamadera y la comodo en el carro dándosela ya que toma solita, pero le muevo el carro así se mece. —Tengo terrible hambre. —se sientan los dos sonriendo. —Pedi tres hamburguesas y ensaladas. —¿Saben que quiero comer? Zorrentinos. —¿Cuándo vas a hacer?. —miramos a Adiel que niega alzando las manos. —Aaaa buena, haz tu Eli. —Chau, tengo que hacer una banda. —¿Y yo no?. —Hola, perdón que moleste. —es un nene de unos diez años que le toca el brazo a Adiel—. ¿Me firmarían la remera?. —Si obvio, tienes marcador. —Si. —se lo pasa y Adi lo mira sonriendo. —¿Cómo te llamas?. —Bautista. —Que buen nombre, ¿vas al colegio?. —le firma la remera y se la pasa a Bena. —Bueno, ahí tenemos unos problemitas. —dice la madre sonriendo—. Dice que no tiene que estudiar porque quiere ser futbolista. —¿Queeee? Hay que estudiar amiguito. —¿Tu estudias?. —Si. —mira a los padres sin dejar de sonreír—. Yo voy a la universidad y Bena esta en el ultimo año de secundaria. —¿De verdad?. —hasta le firman la remera al padre del nene que esta peor que el nene de sonriente. —Si, mi papá nos dijo que nos daba permiso de entrenar si estudiábamos y si íbamos bien en el colegio, y aca estamos, si no tengo buenas notas no me deja jugar mas. —se van felices y yo sonrío sin parar y orgulloso de ellos. —Permiso. —vienen tres chicas a dejar la comida, y una le da un papel a Bena que la queda mirando, lo abre y lo deja en la mesa. —El número. —Si, no sé que creen, que mi pitito lo meto en cualquier agujero parece. —Benaaaa, habla bien hombre. —Es la verdad. —se acercan unos muchachos sonriendo. —¿Nos firmarían las remeras?. —¿Nos esperan a que terminemos de comer? —lo dice con calma y amabilidad—. Si me esperas te firmamos todo. —Dale, esperamos. —me pone incómodo porque hasta fotos nos sacan mientras comemos, están los que creen que no los vemos y los que son mas descarados. —¿Tenemos que llevar carne o papá la compraba toda?. —Le voy a escribir porque por ahí se confía que nosotros compramos. Elias—. Papi, ¿compramos la carne o llevas tu?. Papi—. Si compran mejor, no salí a comprar y si traes nos vamos directo. Elias—. Dale, paso a comprar, dile a las chicas que no compren que nosotros compramos. Papi—. Dale, yo les digo. Papi—. ¿Dónde andan?. Elias—. En el centro comercial, estamos comiendo ahora. Papi—. ¿Los chicos?. Elias—. Están conmigo y siendo hostigados por las fotos. Papi—. Ufff, bueno, presta ojo hijo, muchos se ponen densos y los chicos no saben que hacer. Elias—. Si, yo los cuido tranquilo. —Ahi papá me dijo que compremos la carne. —Buenísimo. —saco a Eve del carro y me paro meciéndola—. Voy a aprovechar de llevar las cosas para hacer zorrentinos. —Y dale con eso. —mi hija se duerme en mis brazos y la tengo en mis brazos porque sé que si la dejo en el carro se va a despertar. —Esta re buena la hamburguesa. —Buenísima. Seguimos recorriendo como podemos porque la gente se sigue acercando y eso lleva tiempo, y miro todo con detalle porque mi papá esta maniático de que se puede acercar un loco con un cuchillo o algo por el estilo, y entiendo la verdad, porque es muy riesgoso todo, aunque es cansador y muchas veces nos interrumpen las comidas sin respeto alguno, porque a muchos parece que no les interesa que comen con la familia o quien sea, quieren una foto, un autógrafo y una charla como si mis hermanos no tuvieran vida y fuera la obligación de ellos hacer lo que ellos quieren y no es asi, por eso siempre decimos si pueden esperar a que se termine de comer por lo menos, y mi papá les quiere poner alguien de seguridad porque la cosa se esta poniendo cada vez mas difícil. .......................* En mi auto voy hacia donde mi tio, me dijo si podía ir mas temprano así le daba una mano con el asado, trabajar en una cocina y cocinar afuera cansa, pero sé que en cada asado familiar me van a llamar a que les de una mano y voy con gusto a darles una mano, porque sé que van a disfrutar lo que van a probar y yo igual, porque no voy a pensar que no la cocinaron, bien, no la condimentaron bien, solo con las comidas de mis papás no digo ni pienso nada, porque no hay comida como la de ellos. —Buenas. —Perdon por hacer que vengas hijo. —No es problema tio. —le doy un abrazo y el regalo—. Espero te guste. —Gracias. —saca el perfume que le compré y unos broches de corbatas—. Gracias, es el que utilizo y casi no me queda, —lo saca de la caja poniéndose un poco. —¿Ya llegó alguien?. —Solo Martin, es temprano por eso, les dije que vengan como las siete u ocho. —Bueno, entonces comencemos a marinar la carne, traje varias cosas. —saco el bolso de compras del auto donde traje todo para marinar, y me ayuda a bajar toda la carne que traje. —¿Y la nena?. —La traen mis papás, cuando venia estaba dormida y no la quise despertar. —Vi una foto donde esta hermosa, unos rulos tremendos tiene. —Si, terribles rulos tiene, es que la madre tiene rulos pero se hace alisados. —entro a la casa saludando a todos mis primos sonriendo, y cuando la veo el corazón se me pone loco, sin decir que mi cabeza de abajo tambien se vuelve loca—. Buenas. —¿Cómo estas?. —me da un beso en la mejilla con una sonrisa. —Bien gracias, ¿y tu?. —Bien. —camina alejándose y me muerdo los labios, no puedo no verle el culazo que carga la desgraciada que se me pasan millones de cosas por la cabeza. —Disimula un poco mas hijo. —sacudo la cabeza suspirando. —Bueno, comencemos a preparar las cosas. —Eh gato. —con Uriel nos damos la mano y un abrazo—. Trajiste una vaca entera. —Bueno, traje lo de todos. —Danos una mano hijo asi lo llevamos todo. —vamos al quincho asi comenzamos a preparar las cosas, Uriel comienza a hacer el fuego mientras preparo el adobo. —Si que te gusta Mailen. —Si, me encanta la verdad. —¿Y porqué no la invitas a salir?. —Porque no soy bueno para ella tio, y no creo que me de ni la hora. —¿Porqué dices eso?. —Porque no soy bueno tio. —¿Por tener una hija con una mujer la cual no funcionó?. —lo miro porque habla sin mirarme y miro que no escuche nadie—. No digas tonteras Elias, eres un muy buen muchacho, y ella es una buena muchacha. —Se que es una buena chica. —Y bueno, ¿Qué esperas?, Martin no va a decir nada si sabe lo que eres. —Traje unos ajís ahumados. —Martin llega con un táper en las manos—. ¿Qué podemos hacer?. —Una salsa, ¿no me digas que conseguiste los que quería?. —me da el táper que miro dentro—. Me recorrí todo buscando. —Después te digo donde los conseguimos. . .
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