Al día siguiente, cuando volvía de la tienda, vi a mi compañera de clase (la que se la chupa a los chicos detrás de los garajes). Ella estaba parada cerca de la puerta de al lado. Mi compañera de clase estaba en compañía de dos chicos y estaba un poco borracha. Hablaban de algo y fumaban a gusto. Uno de los chicos se inclinó hacia ella y le susurró algo. Ella se rió y lo empujó a un lado. Él retrocedió unos pasos de ella y también se rió a carcajadas. Yo ya quería entrar por mi entrada, pero entonces ella me notó. Me hizo un gesto con la mano y habló en voz alta: “¡Katyuha, hola! Únete a nosotros. Te presentaré a los chicos.” Pero tuve que irme a casa para recoger mis compras. Por el bien de la decencia, sonreí y respondí en voz alta: “¡Hola Ira! Gracias, pero no puedo. Debo llevar el

