El señor Kim lamenta otro día más sin saber nada de quién pudo haber sacado esa información; para él todo esto se vuelve cada vez más frustrante y el dolor en su alma pesa cada vez más. Agarra la taza de su escritorio y toma el líquido amargo que hay en su interior. —Espero que no estés tomando lo que creo —se escucha una voz femenina de fondo. Él no ocupa voltear la mirada para saber con quién está hablando. —Lo necesito para olvidar un poco los sentimientos que tengo —le contestó con una voz fría y fuerte. —¿Sentimientos? Recuerda que eso no importa, entre menos los muestres todos te respetarán y es que ahora solo pareces un niño pequeño que fue demasiado mimado —lo regañó la señora Seol. Sam escucha los tacones de su madre acercarse a ella y los pasos se detienen a tan solo cin

