P.O.V Miranda El campamento estaba en plena actividad. Todos desmontaban y organizaban las cosas mientras yo bajaba del carruaje para estirar las piernas. Demasiadas horas sentada hacían que todo mi cuerpo se sintiera entumecido. El lugar era hermoso: un claro rodeado de árboles imponentes y un río cristalino no muy lejos. La idea de un baño en sus aguas frescas me parecía perfecta. Justo cuando me disponía a caminar hacia el río, sentí unos brazos fuertes rodeándome por la espalda. Sonreí al reconocer su toque antes de que sus labios rozaran mi cuello. —Cariño, ¿cómo estás? —susurró Damián con su voz profunda y acariciante. Me giré para mirarlo y le sonreí. —Bien, amor. Solo estoy estirando un poco las piernas. El viaje fue incómodo, pero no me quejo. Su mirada oscura se posó en la

