Con Pablo nunca se puede hablar, él te cambia el tema, no termina de explicarte todo. No sabía que creer. Todo quedó en la nada aquella vez. Estábamos preparando todo para el gran viaje, el tan esperado por mí. —¿Hay que comprar algo más? —preguntó Pablo. —No, creo que no, tengo todo. Terminamos, ya no quedaba nada para ir al aeropuerto, sólo dos horas. Me di una ducha y me alisté, lo mismo hicieron Pablo, Daniel y Eider. Mi padre nos llevó hasta el aeropuerto así no dejábamos el auto allí en el estacionamiento. Primer viaje en avión con los dos niños, eso me tenía muy nerviosa. Estábamos esperando allí que se haga la hora de irnos, Daniel ya estaba aburrido y andaba dando vueltas. Eider dormía, si ella con tener comida y poder dormir, era feliz. —Buen viaje, chicos —dijo mi p

