46. Ni una pizca de frío. Lia. Estudiar es algo que se me da con facilidad. Me gusta y lo disfruto; logro concentrarme tanto en las clases que, por momentos, consigo olvidar el exterior. Los primeros días van bien: los profesores son excelentes y los alumnos están tan absortos en sus estudios que casi no queda espacio ni tiempo para socializar. Aun así, pasar tantas horas rodeada de gente me deja con un cansancio que hacía mucho no sentía con tanta intensidad. En el rancho, de alguna forma, todo era privado. Mi cabaña nos encerraba a Becket y a mí en una pequeña burbuja que me mantenía aislada del mundo exterior cuando así lo quería. Aquí, en cambio, la universidad me abruma con estímulos: el ruido, las miradas, la multitud en los pasillos. Es agotador. Pero al final del día siempre

