Punto vista de Charlotte Su mirada recorre mi cuerpo, deteniéndose en el pequeño temblor de mis manos. —No deberías estar sola —dice con esa voz profunda, casi ronca—. No después de lo que pasó. —Estoy bien —miento descaradamente. Su mandíbula se tensa. Esa condenada mandíbula. —No lo estás, Charlotte. —No necesito que me digas cómo estoy —respondo con un tono más alto del que pretendía —. No necesito que me salves cada vez que algo pasa. Doy un paso hacia él sin darme cuenta. —No te salvé porque seas débil. Te salvé porque si te pasaba algo… —traga duro, desviando la mirada solo un segundo —… no sé qué haría. El aire se queda quieto. —¿Y qué se supone que signifique eso? —pregunto, casi susurrando, como si temiera la respuesta. Giovanni se acerca, quedando lo bastante cerca p
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


