Capítulo 4: Rumores y Prejuicios

1389 Words
La noticia de que Vanessa había llegado a la mansión y la creciente cercanía entre ella y Gabriel se esparció rápidamente entre el personal y los conocidos de la familia. Aunque Gabriel mantenía su comportamiento severo y distante, era evidente que Vanessa tenía una influencia calmante sobre él. Sin embargo, no todos estaban contentos con esta nueva situación. En la cocina de la mansión, los sirvientes murmuraban mientras preparaban el almuerzo. Luisa, la cocinera principal, hablaba en voz baja con Marta, una de las doncellas. "¿Has oído los rumores?" preguntó Luisa, asegurándose de que nadie más estuviera escuchando. "¿Qué rumores?" respondió Marta, interesada. "Dicen que Gabriel está pensando en hacer de Vanessa su esposa," susurró Luisa. "¿Puedes creerlo? Una rumbera, casándose con un hombre como él." Marta frunció el ceño. "Pero, ¿por qué haría algo así? Vanessa no es de su clase." "Exactamente," replicó Luisa, su voz llena de desaprobación. "Es una locura. La señorita Isabella está furiosa. Cree que Vanessa solo está interesada en el dinero de Gabriel." Mientras tanto, en los jardines, algunos de los trabajadores también comentaban sobre la situación. "¿Has visto cómo Gabriel mira a Vanessa?" dijo Juan, el jardinero. "Es como si estuviera hechizado." Pedro, su compañero, asintió. "Sí, pero ¿una rumbera? No puedo creer que alguien como Gabriel, tan orgulloso y amargado, esté considerando algo así. Debe haberse vuelto loco." En el interior de la mansión, Isabella y Julian también discutían el asunto. Isabella estaba claramente disgustada. "Esto es inadmisible," dijo con vehemencia. "Gabriel debe haber perdido la cabeza. Vanessa no es más que una oportunista." Julian, aunque menos vehemente, compartía la preocupación de su hermana. "No entiendo qué ve en ella. Gabriel siempre ha sido tan... exigente." "Exactamente," replicó Isabella. "No podemos permitir que esto continúe. Debemos hacer algo." Julian levantó las manos en señal de rendición. "¿Y qué sugieres que hagamos? Gabriel no escucha a nadie." "Entonces tendremos que hacer que Vanessa se revele por lo que realmente es," dijo Isabella con frialdad. "No permitiré que una rumbera se apodere de esta familia." En ese momento, Vanessa estaba en su habitación, ajena a los rumores y conspiraciones que se estaban tejiendo a su alrededor. Estaba sentada junto a la ventana, mirando el jardín y pensando en su futuro. Aunque se sentía agradecida por la oportunidad de estudiar y empezar de nuevo, no podía evitar sentir una creciente conexión con Gabriel. La puerta de su habitación se abrió y Thomas entró con una expresión preocupada. "Señorita Vanessa, hay algo que debe saber," dijo en voz baja. Vanessa lo miró con curiosidad. "¿Qué sucede, Thomas?" "He escuchado rumores entre el personal y los hermanos de Gabriel. Están diciendo cosas terribles sobre usted, sugiriendo que solo está aquí por el dinero y que Gabriel ha perdido la razón al pensar en casarse con usted." Vanessa sintió un nudo en el estómago. "¿Casarse conmigo? Yo no... yo no sabía nada de eso." Thomas asintió con comprensión. "Sé que no es su intención, señorita. Pero debe tener cuidado. Hay mucha envidia y resentimiento en esta casa. No todos están contentos con su presencia aquí." Vanessa suspiró, sintiendo el peso de la situación. "Gracias por decírmelo, Thomas. Seré cautelosa." Thomas asintió y se retiró, dejando a Vanessa sola con sus pensamientos. Mientras miraba el jardín, decidió que no permitiría que los rumores y las habladurías la derribaran. Había venido a esta casa con un propósito y estaba decidida a cumplirlo, sin importar lo que los demás dijeran. Gabriel estaba en su estudio, revisando algunos documentos, cuando Thomas entró con una expresión seria. Gabriel levantó la mirada, notando la tensión en el rostro del mayordomo. "¿Qué sucede, Thomas?" preguntó Gabriel, dejando los papeles a un lado. "Señor, hay algo que creo que debería saber," comenzó Thomas, con cautela. "Hay rumores circulando entre el personal y sus hermanos. Están diciendo que usted está considerando hacer de la señorita Vanessa su esposa." Gabriel se recostó en su silla de ruedas, cruzando los brazos. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro. "¿En serio? ¿Y qué dicen exactamente?" Thomas dudó por un momento antes de continuar. "La mayoría de ellos creen que ha perdido la razón. Piensan que la señorita Vanessa solo está aquí por su dinero y que usted está siendo engañado." Gabriel soltó una risa seca y sarcástica. "¿Engañado? Qué ridículo. Como si una mujer como Vanessa se fijara en un guiñapo de hombre como yo." apretando los puños con mucha fuerza Thomas frunció el ceño, incómodo con la dureza con la que Gabriel hablaba de sí mismo. "Señor, creo que es importante que aclare estos malentendidos. La situación está creando mucha tensión." Gabriel hizo un gesto despectivo con la mano. "Déjalos que hablen. Que piensen lo que quieran. Si esos rumores molestan a Isabella y Julian, mejor. Que sufran un poco. Esta casa necesita un poco de drama para mantener las cosas interesantes." Thomas lo miró con preocupación. "¿Está seguro, señor? Estos rumores podrían afectar a la señorita Vanessa." Gabriel se encogió de hombros. "Vanessa es más fuerte de lo que creen. Ella puede manejarse. Además, ¿qué importa lo que piensen? Este es mi hogar, y haré lo que me plazca." Thomas asintió, aunque no del todo convencido. "Como desee, señor. Solo quería informarle." Cuando Thomas se retiró, Gabriel se quedó en silencio, reflexionando sobre lo que había dicho. Aunque los rumores eran falsos, la idea de que sus hermanos y el personal estuvieran tan alterados por la posibilidad le proporcionaba una especie de oscura satisfacción. Después del accidente, había perdido tanto control sobre su vida que encontrar una manera de irritar a quienes lo rodeaban se había convertido en una especie de consuelo. Se dirigió hacia la ventana de su estudio, desde donde podía ver una parte del jardín. Vanessa estaba allí, sentada en un banco, con un libro en las manos. A pesar de todo, ella parecía tranquila, como si nada pudiera perturbar su paz interior. Gabriel la observó por un momento, permitiéndose sentir una pequeña chispa de algo que podría haber sido admiración. "No tiene sentido," murmuró para sí mismo. "Una mujer como ella nunca se fijaría en alguien como yo. Pero si la gente quiere creerlo, ¿quién soy yo para detenerlos?" Más tarde, mientras Vanessa se dirigía hacia la sala de música, encontró a Isabella y Julian en el pasillo. La hostilidad en sus miradas era palpable. Isabella fue la primera en hablar. "Vanessa," dijo con una voz fría y calculadora. "Espero que entiendas que no eres bienvenida aquí. Mi hermano puede estar ciego por ahora, pero te aseguro que no durará." Vanessa levantó la barbilla, decidida a no dejarse intimidar. "No estoy aquí para causar problemas. Solo quiero continuar con mis estudios y tocar música." Julian rió sarcásticamente. "¿Y esperamos que creamos eso? Sabemos que solo estás detrás del dinero de Gabriel." Vanessa sintió una mezcla de rabia y tristeza, pero se mantuvo firme. "No estoy interesada en el dinero de Gabriel. Estoy aquí porque me ofreció una oportunidad, y pienso aprovecharla." Antes de que Isabella pudiera responder, Gabriel apareció en el pasillo, su mirada afilada como una navaja. "¿Problemas aquí?" Isabella se volvió hacia su hermano, su expresión de sorpresa rápidamente reemplazada por una de desafío. "Solo estábamos hablando con Vanessa." "Dejen a Vanessa en paz," dijo Gabriel con voz firme. "Si tienen algún problema, trátenlo conmigo. Y si no pueden comportarse, pueden irse de esta casa." Isabella y Julian intercambiaron miradas de frustración antes de retirarse. Gabriel se volvió hacia Vanessa, su expresión suavizándose ligeramente. "Lamento eso. Mis hermanos pueden ser... difíciles." "Gracias por intervenir," dijo Vanessa, sinceramente agradecida. Gabriel asintió. "No les hagas caso. Que hablen lo que quieran. Al final, sus opiniones no importan." Vanessa sonrió, sintiendo que, a pesar de su dureza, Gabriel estaba de su lado. "Lo sé. Y gracias de nuevo." Gabriel hizo un gesto con la mano, como restándole importancia. "Vamos, sigue tocando. Esa es la única cosa buena que ha pasado en esta casa en mucho tiempo." Vanessa asintió y se dirigió a la sala de música, sabiendo que, aunque el camino fuera difícil, tenía una nueva determinación para enfrentar lo que viniera.
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