Capítulo 12: Celos y Sospechas

1663 Words
Vanessa comenzó a notar un cambio en el comportamiento de Gabriel. Aunque seguía siendo áspero y distante con la mayoría, su actitud hacia ella se tornaba cada vez más posesiva y controladora. Gabriel se mostraba particularmente molesto cada vez que Vanessa mencionaba a alguien de la universidad o hablaba de sus planes para el futuro. Una tarde, después de regresar de sus clases de periodismo, Vanessa encontró a Gabriel en la biblioteca, rodeado de libros y papeles. Parecía estar en medio de una tormenta de pensamientos oscuros. "Gabriel, ¿estás bien?" preguntó, preocupada. Gabriel levantó la vista, su expresión severa. "¿Por qué llegas tan tarde, Vanessa? Dijiste que tus clases terminaban hace una hora." Vanessa se sorprendió por la dureza de su tono. "Lo siento, Gabriel. Me quedé un poco más para hablar con uno de mis profesores sobre un proyecto." Gabriel frunció el ceño. "¿Con cuál profesor? ¿Y sobre qué proyecto?" Vanessa suspiró, tratando de mantener la calma. "Se llama el profesor Anderson. Estábamos discutiendo un artículo que quiero escribir para el periódico de la universidad." Gabriel apretó los puños sobre los reposabrazos de su silla de ruedas. "¿Anderson, eh? ¿Y de qué más hablaste con él? ¿Te ofreció alguna ayuda 'extra'?" Vanessa lo miró con incredulidad. "Gabriel, ¿estás insinuando que hay algo inapropiado entre el profesor Anderson y yo? Solo hablamos de mi artículo, nada más." Gabriel no pareció convencido. "No me gusta la idea de que pases tanto tiempo con otros hombres. No confío en ellos." Vanessa se sintió herida por su desconfianza. "Gabriel, no tienes motivo para desconfiar de mí. Estoy comprometida contigo, ¿recuerdas?" Gabriel rodó su silla más cerca de ella, su mirada fija en ella. "Es precisamente porque estamos comprometidos que quiero que seas cuidadosa. No quiero que nadie más se acerque a ti." Vanessa respiró hondo, intentando calmarse. "Gabriel, entiendo que tengas miedo de perderme, pero no puedes controlar todos mis movimientos. Necesito tener mi propia vida también." Gabriel se quedó en silencio por un momento, luchando con sus propios demonios internos. Finalmente, suspiró y apartó la mirada. "Está bien, Vanessa. Solo prométeme que serás cuidadosa." Vanessa asintió, sintiendo una mezcla de alivio y tristeza. "Lo prometo, Gabriel." Los días siguientes no fueron más fáciles. Gabriel seguía mostrándose celoso y posesivo, y Vanessa empezaba a sentirse atrapada entre su amor por él y su deseo de libertad. Una noche, durante una cena en la mansión, Thomas, el mayordomo, entró para anunciar la llegada de un visitante inesperado. "Señor Gabriel, el señor Julian ha venido a verle." Gabriel frunció el ceño. "¿Julian? ¿Qué demonios quiere ahora?" Julian entró en el comedor con una sonrisa burlona. "Hola, hermano. Solo pasaba a ver cómo estabas. Y, por supuesto, a saludar a mi futura cuñada." Gabriel lo fulminó con la mirada. "Corta el rollo, Julian. ¿Qué es lo que realmente quieres?" Julian se encogió de hombros. "Solo estaba en la ciudad y pensé en pasar a saludar. Además, he oído algunos rumores interesantes sobre Vanessa y sus clases de periodismo. Parece que se ha hecho bastante popular entre los profesores." Gabriel apretó los dientes, sintiendo una oleada de celos. "¿Qué insinúas, Julian?" Julian sonrió con malicia. "Nada, hermano. Solo que parece que Vanessa está haciendo muchos 'amigos' en la universidad. Espero que no te importe." Gabriel se levantó de su silla de ruedas, su ira evidente. "¡Fuera de mi casa, Julian! No quiero volver a verte aquí." Julian levantó las manos en señal de rendición. "Tranquilo, tranquilo. Ya me voy. Solo quería saludar." Vanessa observó la escena con el corazón en la garganta. Cuando Julian se fue, Gabriel se volvió hacia ella, su mirada llena de dolor y desconfianza. "Vanessa, ¿es cierto lo que dice Julian? ¿Estás haciendo 'amigos' en la universidad?" Vanessa negó con la cabeza, sintiendo lágrimas de frustración en sus ojos. "No, Gabriel. Solo estoy enfocada en mis estudios. Julian solo quiere ponerte en mi contra." Gabriel se dejó caer en su silla, su expresión derrotada. "No sé en qué creer, Vanessa. Todo es tan confuso." Vanessa se acercó a él, tomando su mano. "Gabriel, confía en mí. Estoy aquí para ti, y solo para ti. No dejes que los celos nos destruyan." Gabriel apretó su mano, sintiendo una pequeña chispa de esperanza. "Lo intentaré, Vanessa. Pero necesito que seas paciente conmigo. No es fácil." Vanessa asintió, decidida a luchar por su relación. "Lo sé, Gabriel. Y estaré aquí, a tu lado, pase lo que pase." Con esas palabras, ambos sabían que la batalla por su amor no sería fácil, pero estaban dispuestos a enfrentarla juntos, sin importar los obstáculos que se interpusieran en su camino. Vanessa notaba que la atmósfera en la mansión se volvía cada vez más tensa. Gabriel no solo desconfiaba de sus profesores y compañeros de clase, sino que también mostraba una vigilancia constante sobre cada movimiento de Vanessa. Esto empezó a afectar su rendimiento académico y su bienestar emocional. Una mañana, mientras Vanessa se preparaba para ir a la universidad, Gabriel la llamó a su estudio. Su rostro reflejaba una mezcla de amargura y determinación. "Vanessa, quiero que dejes la universidad," dijo abruptamente. Vanessa lo miró, atónita. "¿Qué? Gabriel, eso no tiene sentido. Mis estudios son importantes para mí." Gabriel golpeó la mesa con su puño, causando que los papeles se desordenaran. "¡No soporto la idea de que pases tiempo con otros hombres, especialmente esos profesores! No sabes de lo que son capaces." Vanessa sintió que su paciencia se agotaba. "Gabriel, esto es ridículo. No puedo abandonar mis sueños y mi futuro solo por tus inseguridades. Tienes que confiar en mí." Gabriel apretó los dientes, su frustración era evidente. "Si realmente me amas, harás esto por mí." Vanessa sintió una punzada de dolor en el pecho. "Gabriel, no puedes pedirme eso. No es justo." Gabriel la miró fijamente, sus ojos llenos de una mezcla de desesperación y rabia. "Muy bien, si no puedes hacerlo, tal vez deberías irte. No quiero a alguien aquí que no respete mis deseos." Vanessa sintió las lágrimas quemando en sus ojos, pero se negó a llorar frente a él. "¿Es eso lo que quieres? ¿Que me vaya?" Gabriel no respondió, su silencio fue la respuesta más clara que podía dar. Esa noche, mientras Gabriel intentaba conciliar el sueño, fue atormentado por pesadillas de su accidente. Recordó el dolor, la desesperación y el momento en que supo que no volvería a caminar. Despertó, empapado en sudor, solo para encontrar a Vanessa dormida en la poltrona cerca de él. Su corazón se suavizó por un instante, pero la realidad de su situación lo golpeó de nuevo. Intentó acomodarle la bata a Vanessa, pero sus piernas inmóviles se lo impidieron, aumentando su frustración. Observó su rostro tranquilo, preguntándose cómo alguien como ella podría soportar a un hombre roto como él. A la mañana siguiente, Gabriel observó a Vanessa desde su silla de ruedas mientras ella investigaba incansablemente en la biblioteca de la mansión. Vanessa había encontrado varios libros y artículos médicos sobre tratamientos innovadores para lesiones de la médula espinal. Estaba decidida a encontrar una forma de ayudar a Gabriel a caminar de nuevo. Los rumores no tardaron en propagarse. Los hermanos de Gabriel, Julian e Isabella, no perdieron la oportunidad de hacer comentarios sarcásticos sobre la situación. "Así que Vanessa está investigando tratamientos médicos ahora," dijo Isabella con una sonrisa maliciosa. "Supongo que no puede soportar la idea de tener un esposo en silla de ruedas." Julian agregó, riendo. "O tal vez piensa que puede arreglarte, Gabriel. Buena suerte con eso." Gabriel los fulminó con la mirada. "Si están aquí por dinero, ya saben dónde está la puerta. No necesito sus comentarios venenosos." Mientras tanto, Vanessa enfrentaba la dura realidad de su decisión. Había intentado encontrar empleo como secretaria, pero el sueldo apenas cubría sus gastos básicos, dejando poco para sus estudios. Desesperada, decidió regresar al cabaret. Aunque la perspectiva de volver a ese mundo la entristecía, sabía que era la única forma de asegurar su educación. ya que sin el apoyo de Gabriel era casi imposible para ella acceder a ese mundo Una tarde, mientras Vanessa se encontraba en la universidad, Gabriel decidió buscarla. La llegada de Gabriel a la universidad causó un gran alboroto. Su presencia imponente y el hecho de que se movía en silla de ruedas atrajeron la atención de todos. Estudiantes y profesores se detenían a observar, murmurando entre ellos. Gabriel, visiblemente molesto, no perdió tiempo en buscarla. Finalmente, la encontró en una de las salas de estudio, rodeada de libros y apuntes. Sin preocuparse por las miradas curiosas, se acercó a ella con determinación. "Vanessa, tenemos que hablar," dijo con voz autoritaria. Vanessa lo miró sorprendida, pero trató de mantener la calma. "Gabriel, no es el momento ni el lugar." "Me importa un bledo el momento o el lugar," replicó él, elevando la voz. "No puedo soportar más esta situación. Tienes que venir conmigo, ahora." Los murmullos aumentaron mientras Vanessa se levantaba lentamente, consciente de todas las miradas. "Está bien, Gabriel. Vamos a casa y hablaremos." Mientras se alejaban, Vanessa sintió una mezcla de vergüenza y preocupación. Sabía que la actitud de Gabriel no solo complicaría su vida en la universidad, sino que también revelaba un nivel de desesperación y celos que no había anticipado. Una vez de regreso en la mansión, Gabriel no perdió tiempo en expresar su frustración. "No puedo seguir así, Vanessa. No soporto la idea de perderte." Vanessa, aunque compasiva, mantuvo su postura. "Gabriel, si realmente quieres que estemos juntos, tienes que confiar en mí. No puedo dejar mis estudios, y tú no puedes seguir actuando de esta manera." Gabriel la miró con una mezcla de dolor y comprensión. Sabía que debía encontrar una manera de controlar sus celos y apoyar los sueños de Vanessa, si no quería perderla para siempre.
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