La mansión Rothschild se encontraba en un frenesí de actividad mientras los preparativos para la boda de Gabriel y Vanessa estaban en pleno auge. El aire estaba impregnado con una mezcla de emoción y nerviosismo, y cada rincón de la mansión estaba ocupado por equipos de planificación, diseñadores y proveedores que trabajaban sin descanso. Vanessa, con un vestido de seda lila y una diadema de perlas en el cabello, estaba en el centro de la acción. La organización del evento se había convertido en una de sus principales prioridades, y aunque Gabriel estaba ansioso por el gran día, ella se encargaba de todos los detalles con meticulosidad. La combinación de su elegancia natural y la determinación que había demostrado en su carrera como empresaria se reflejaba en cada aspecto de los preparati

