Vanessa se encontraba sentada junto a la chimenea, mirando las llamas danzantes que iluminaban la habitación. Gabriel estaba en su silla de ruedas, absorto en sus propios pensamientos. Después de compartir su propio doloroso pasado, Vanessa sintió que era momento de conocer más sobre la tragedia que había marcado la vida de Gabriel.
"Gabriel," comenzó con voz suave, "¿puedes contarme cómo fue tu accidente? ¿Qué pasó exactamente?"
Gabriel levantó la vista, sus ojos oscuros reflejando una tormenta interna. Durante un momento, pensó en negarse a responder, pero algo en la sinceridad de Vanessa lo convenció de abrirse.
"Fue una noche oscura y tormentosa," comenzó Gabriel, su voz cargada de amargura. "Lucía y yo habíamos tenido una discusión. Ella insistió en conducir, a pesar de que la lluvia hacía las condiciones peligrosas. Yo... yo solo quería que todo terminara, que llegáramos a casa y dejáramos de pelear."
Gabriel hizo una pausa, recordando cada detalle con claridad dolorosa.
"La carretera estaba resbaladiza, y la visibilidad era casi nula. Intenté convencerla de que disminuyera la velocidad, pero Lucía estaba tan furiosa que no escuchaba razón. Y entonces, de repente, perdimos el control del auto. Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. El auto derrapó y nos estrellamos contra un árbol."
Vanessa escuchaba con atención, sintiendo el peso de cada palabra de Gabriel.
"Cuando recuperé la conciencia, estaba en el hospital. Todo estaba borroso al principio. Había luces brillantes y voces confusas. Pero lo peor fue darme cuenta de que no podía mover mis piernas. Los médicos me dijeron que había sufrido una lesión grave en la columna vertebral."
Gabriel apretó los puños, su voz teñida de resentimiento. "Y fue entonces cuando supe que Lucía me había abandonado. No estaba allí cuando desperté. Se había ido, sin siquiera mirar atrás. Al parecer, mi incapacidad para caminar fue más de lo que pudo soportar."
Vanessa sintió una punzada de tristeza por Gabriel. "Lo siento mucho, Gabriel. No puedo imaginar lo difícil que debe haber sido para ti."
Gabriel la miró, sus ojos llenos de una mezcla de dolor y furia contenida. "No es fácil aceptar que la persona que se suponía que te amaba te abandone en tu momento más vulnerable. Me convertí en alguien amargado, irritable. La silla de ruedas no solo me robó la movilidad, sino también mi dignidad y mi fe en las personas."
Vanessa se levantó y se acercó a Gabriel, tomando su mano con suavidad. "Gabriel, sé que has pasado por mucho, pero quiero que sepas que estoy aquí para ti. No voy a abandonarte. Juntos podemos encontrar una manera de salir adelante."
Gabriel miró a Vanessa, sintiendo una chispa de esperanza en su interior. "Gracias, Vanessa. Realmente aprecio que estés aquí."
El silencio se instaló en la habitación, pero esta vez no era incómodo. Era un silencio lleno de comprensión y apoyo mutuo. Gabriel y Vanessa sabían que el camino por delante no sería fácil, pero juntos, estaban decididos a enfrentar cualquier obstáculo que se les presentara.
La noche avanzaba lentamente, pero en la mansión Rothschild, una nueva promesa de esperanza comenzaba a florecer.
Vanessa seguía sosteniendo la mano de Gabriel, sintiendo la tensión y el dolor que él aún cargaba. Ella sabía que sus palabras eran apenas un bálsamo para las cicatrices profundas que él llevaba, pero estaba decidida a hacer todo lo posible para ayudarlo a sanar.
"Gabriel," dijo suavemente, "sé que es difícil, pero debemos mirar hacia adelante. Podemos explorar esos tratamientos que encontré, buscar nuevas esperanzas."
Gabriel asintió lentamente, aunque sus ojos aún reflejaban la sombra del pasado. "Quizás tienes razón, Vanessa. Tal vez es hora de intentar algo nuevo. Pero necesito tiempo. No es fácil dejar atrás todo esto."
Vanessa comprendió y apretó su mano con más fuerza. "Lo sé, Gabriel. Estaré aquí contigo, paso a paso."
Los días siguientes transcurrieron en una aparente calma. Vanessa seguía asistiendo a sus clases de periodismo, pero dedicaba cada momento libre a investigar más sobre posibles tratamientos para Gabriel. Mientras tanto, la mansión Rothschild permanecía en un estado de tensa paz, con Julian e Isabella observando desde las sombras, susurros de intriga siempre presentes.
Una tarde, mientras Vanessa estudiaba en su habitación, Gabriel se aventuró a recorrer la casa. Pasó por el salón de música, donde el piano de cola n***o brillaba bajo la luz del sol que se filtraba por las ventanas. Recordó la noche en que Vanessa había tocado para él, la música llenando el vacío que sentía en su alma.
Decidido a enfrentar sus propios demonios, Gabriel rodó su silla de ruedas hasta el piano. Sus dedos temblorosos tocaron suavemente las teclas, produciendo un sonido melancólico. A pesar de su ira y frustración, encontró un extraño consuelo en la música.
Vanessa, que había oído los sonidos desde su habitación, bajó corriendo las escaleras. Se detuvo en la puerta del salón, observando a Gabriel con una mezcla de sorpresa y admiración. Era la primera vez que lo veía tan vulnerable, tan humano.
"Gabriel," dijo en voz baja, "es hermoso."
Gabriel levantó la vista, su expresión un poco avergonzada. "No he tocado en años. No desde el accidente."
Vanessa se acercó lentamente y se sentó en el banco junto a él. "Tienes un don, Gabriel. La música puede ser una forma de sanación."
Gabriel la miró, sintiendo un destello de esperanza en su interior. "Tal vez tienes razón. Quizás es hora de intentar encontrar algo de paz en lo que solía amar."
Esa noche, mientras la mansión se sumía en el silencio, Gabriel y Vanessa continuaron hablando. Compartieron historias y sueños, construyendo lentamente un puente de confianza y comprensión.
Sin embargo, la calma se rompió abruptamente cuando Julian e Isabella irrumpieron en el estudio. Julian, con su sonrisa cínica, no pudo evitar lanzar un comentario venenoso.
"Así que, ¿nuestro querido hermano ha encontrado consuelo en su rumbera?" dijo Julian, su tono cargado de sarcasmo.
Gabriel levantó la vista, su mirada afilada. "Julian, ¿qué diablos quieres?"
Julian se encogió de hombros. "Solo me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que ella también te deje, Gabriel. Tal vez deberías preguntarte qué tan bien la conoces realmente."
Isabella, siempre lista para avivar las llamas, añadió: "¿Estás seguro de que puedes confiar en ella, Gabriel? Después de todo, Lucía también parecía perfecta al principio."
Gabriel sintió la rabia burbujear en su interior, pero antes de que pudiera responder, Vanessa dio un paso adelante, su voz firme y clara.
"Ya basta. No tengo que demostrarles nada a ustedes. Estoy aquí por Gabriel, no por su aprobación."
Julian sonrió con desprecio. "Veremos cuánto dura eso."
Gabriel, con una ira controlada, miró a sus hermanos. "Salgan de aquí. Ahora."
Julian e Isabella se retiraron, aunque sus miradas prometían más problemas en el futuro. Vanessa, temblando de furia, volvió a sentarse junto a Gabriel.
"No dejes que te afecten, Gabriel. Sabes que estoy aquí para ti."
Gabriel respiró hondo, intentando calmarse. "Lo sé, Vanessa. Pero es difícil ignorar sus palabras."
Vanessa lo miró con determinación. "Juntos, Gabriel. Podemos superar esto juntos."
Mientras la noche avanzaba, la mansión Rothschild se llenó de un silencio tenso, pero Gabriel y Vanessa sabían que su conexión era más fuerte que las intrigas de Julian e Isabella. El camino sería largo y lleno de desafíos, pero estaban listos para enfrentarlo, unidos en su lucha por un futuro mejor.
La tensión aún colgaba en el aire tras la confrontación con Julian e Isabella. Gabriel y Vanessa, buscando un respiro de la reciente tormenta emocional, se retiraron al salón de música. Gabriel, dispuesto a dejar atrás la amargura por un momento, decidió intentar tocar el piano nuevamente.
Vanessa, siempre dispuesta a ayudar, se acercó para ajustar la posición de Gabriel en su silla de ruedas, buscando un ángulo más cómodo para él frente al piano. Sin querer, mientras se movía, su mano rozó la planta del pie de Gabriel con una punzada accidentalmente.
Gabriel se estremeció, sus ojos abriéndose con sorpresa y confusión. "¡Vanessa!" exclamó, una mezcla de incredulidad y esperanza en su voz. "¿Qué hiciste?"
Vanessa se detuvo, su corazón latiendo rápidamente. "Lo siento, Gabriel. No fue mi intención lastimarte."
Gabriel negó con la cabeza, sus ojos ahora fijos en sus propios pies. "No... no me lastimaste. Sentí algo. Fue como un pinchazo."
Vanessa se arrodilló frente a él, su preocupación dando paso a una chispa de esperanza. "¿De verdad? ¿Sentiste algo?"
Gabriel asintió lentamente, aún aturdido por la sensación. "Sí, fue débil, pero estaba allí."
Vanessa tomó una respiración profunda, su mente trabajando rápidamente. "Esto podría ser una señal, Gabriel. Tal vez hay más esperanza de lo que pensamos. Necesitamos hablar con un médico, ver si hay algo más que podamos hacer."
Gabriel la miró, la dureza habitual en sus ojos suavizándose ligeramente. "Vanessa, no quiero ilusionarme solo para caer de nuevo."
Vanessa le tomó las manos con firmeza. "No te estoy pidiendo que te ilusiones, Gabriel. Solo que no pierdas la esperanza. Cada pequeña señal cuenta."
Gabriel asintió lentamente, permitiendo que una pequeña chispa de esperanza se infiltrara en su corazón. "Está bien, haremos lo que sea necesario."
Esa noche, mientras se preparaban para dormir, Vanessa se acomodó en la cama junto a Gabriel, una nueva rutina que ambos habían aceptado en busca de comodidad mutua. La presencia cálida de Vanessa a su lado, más cercana que nunca, le brindó a Gabriel una sensación de tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo.
Mientras las sombras de la noche se cernían sobre la mansión Rothschild, Gabriel cerró los ojos, sintiendo la paz y la esperanza que Vanessa traía a su vida. Por primera vez en años, se permitió soñar con un futuro mejor, uno donde su cuerpo y su espíritu pudieran sanar.
La mansión dormía, pero en el corazón de Gabriel y Vanessa, una nueva promesa florecía. Juntos, enfrentarían lo que fuera necesario, unidos en su lucha por un nuevo amanecer.