Capítulo 2

1123 Words
Aurora.- Me alejo moviendo mis piernas lo más rápido que puedo, si la madre superiora me ve conversando con ese hombre estaré castigada limpiando baños el resto del año, pero no se puede negar que es guapo, bueno tampoco es que yo he visto muchos hombres, pero él… sí es más que guapo, comienzo a persignarme una y otra vez. Debo sacar esos pensamientos pecadores de mi mente, mi vida será dedicada a dios, es lo que mis padres quisieron antes de morir y cumpliré mi palabra. Voy de regreso a la capilla para rezar mis oraciones después de ver a semejante dios griego, entro y me arrodillo nuevamente mi mano hace la seña de la cruz, me siento frente a la Virgen de Fátima y comienzo a rezar, pero una vez que cierro mis ojos, los preciosos ojos del dios griego se cuelan en mi mente. — Dios te salve, María, llena, eres de gracia, el señor es contigo —Me es imposible continuar, porque es como si la mente se quedará en blanco de repente. — ¿Necesitas un exorcismo? –Me sobresaltó pegando un brinco, reteniendo con mi mano que mi corazón no se salga del pecho por el susto. — ¡Hermana Irene! ¡ave María purísima! Casi me mata del susto —se queda en silencio mirándome entre cerrando sus ojos. Es la más amable y con la que mejor llevo, ha sido mi confidente y consejera, no está muy de acuerdo con que haga mis votos permanentes, piensa que la razón por la que he decidido ser monja no es la correcta. — ¿Te perturbó algo? ¿O alguien? — No, no, solo… no –Asintió en silencio. — Yo pensé que el joven apuesto con el que te vi hablando hace un momento, sí que es apuesto hace mucho que no había visto uno como ese –Siento como mis mejillas se sonrojan ¿Cuándo aprenderé que cuando yo voy la hermana viene de vuelta tres veces? Nunca le he podido mentir. — ¿Guapo? Pues no me fijé la verdad… — Uhm… pues yo sí y la verdad es que desee volver a tener tu edad de nuevo para… — ¡Hermana! ¡Santísimo! ¿Cómo usted tiene esos pensamientos? — Tú también no creas que no vi como tus pómulos bellos y delicados se pusieron del color de un tomate y huiste como si hubieses visto al mismísimo demonio, a mí no me engañas niña — Solo… me sorprendió verlo aquí nada más, usted siempre intenta hacerme dudar con no tomar mis votos, yo… me voy a hacer mis deberes. Salgo de la capilla un poco frustrada, no sé si es porque me vi descubierta con el dios griego o porque nuevamente la hermana Irene mete su ponzoña para hacerme dudar. Y aun si quisiera arrepentirme estaría difícil salir de aquí, cuando llegue a este lugar a la edad de cinco años que fue cuando mis padres murieron, era muy pequeña para saber que ellos ya habían tomado la decisión de meterme en un convento o eso fue lo que mi tía Cora me dijo. Mis padres tomaron esa decisión porque mi madre le hizo la promesa a Dios de que si quedaba embarazada cualquiera que fuera el género, su hijo se dedicaría a Dios y en parte la entiendo, debió ser desesperante para ella querer lograr su sueño de ser madre y aquí estoy. Desde los cinco vivo en este convento, la única visita que recibo es de mi tía Cora, nunca he salido de aquí ni siquiera a hacer las compras, ¿La razón? Se la pueden preguntar a la madre superiora, aunque en varias ocasiones me ha dicho que sigo siendo muy joven, que puedo caer en la tentación muy rápido y después de ver… ¿Cómo dijo que se llamaba? Vincent, Vincent Mars, me doy una bofetada mental, no puedo seguir pensando en él, es prohibido, prohibido. Vincent.- Estoy por los pasillos buscando a la hermosura que se me escapó, pero no he dado con ella y ya me he perdido como dos veces en este lugar ¿Pero dónde se habrá metido? — ¿Estará en sus aposentos? — Señor Mars –Me giro de rápidamente, la madre superiora. – ¿Buscaba algo? –Me mira fijamente con ese tono serio que asustaría a cualquiera. — Uhm… Sí, no, sí, el baño —le doy mi sonrisa, derrite pantis, pero veo que con ella no funciona. —Pero no se preocupe, el lugar ha ido quedando muy bien, es hermoso. ¿Esto también es un colegio? —Frunce su ceño, confundida. — No, no damos clases aquí ¿Por qué lo pregunta? — Por nada, bueno madre, fue un placer conocerla, pero debo volver a Estados Unidos. Le informaré a Caroline que marcha todo por acá –Mis ojos se mueven para todos lados, rezando por primera vez en mi vida a ver si la hermosura aparece de nuevo. — Fue un placer también, señor Mars, espero que la próxima visita la haga la señora Morgan – ¡Auch! ¿Qué le pasa a esta monja conmigo? — Se lo haré saber, hasta luego madre. Salgo del convento sintiéndome frustrado, no pude ver a ese hermoso rostro que me cautivó y ni hablar de tener la posibilidad de volver a este lugar, la madre superiora es evidente que tiene algo en mi contra fue muy pasivo agresiva conmigo, debe ser porque nunca ha estado con un hombre la amargura la envolvió. Si tan solo pudiera ver a esa chica una vez más, tal vez lograría convencerla de qué o cometiera esa locura. Me quedé pensando en su rostro y sus ojos, esos bellos ojos verdes, había algo muy familiar en ellos, pero estoy seguro de que nunca en mi vida la había visto, entonces ¿Por qué tenía la sensación de que la conocía? En ese momento mi celular me sacó de mis pensamientos, veo el código y frunzo el ceño confundido. Si no estoy mal, es un número de Montreal. Conozco gente en esa ciudad, pero todo es de negocio, nadie tiene mi número personal. — Vincent Mars — Señor Mars lo estamos llamando de la clínica privada Unión. Tenemos un paciente que nos solicitó que lo llamáramos, ya que requiere su presencia — No lo entiendo, ¿qué paciente? No conozco a nadie que esté en una clínica allí — Se trata del señor Tom Hill —Presiono el pedal del freno con tanta fuerza que casi salgo expedido por el parabrisas, no podía creerlo, Tom Hill era un muy buen amigo de mis padres. El detalle está que había muerto hace más de veinte años.
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