Georgina observó a Jeremy mientras este salía de la habitación. El desasosiego que había mostrado su marido al malinterpretar su petición le había resultado fascinante. ¡Qué expresión! Incluso le había dado miedo mirarla después de haberse levantado de la cama. ¡Pobre hombre! Aquella respuesta era sorprendente. De hecho, aquella noche había supuesto una sorpresa continua para ella. Las nuevas sensaciones experimentadas y la que era su realidad hasta ese momento estaban en extremos opuestos, y se habían unido, habían confluido hasta formar una amalgama maravillosa. Estar con él, hacer el amor, la cercanía, la intimidad, todo eso era la gloria. Algo que jamás volvería a temer. Nada la había preparado para desear mantener relaciones sexuales. Y resultaba que ahora las deseaba. Aquella noche

