En la Mira del Enemigo La noche envolvía la ciudad en un manto de sombras mientras Emma y Alexander avanzaban sigilosamente por los callejones. Los pasos calculados de Alexander y la respiración agitada de Emma eran los únicos sonidos que perturbaban la quietud. Sabían que Dimitri no descansaría hasta encontrarlos, y ese pensamiento mantenía su adrenalina en un punto álgido. —¿Tienes un plan? —preguntó Emma en un susurro, consciente de que cualquier ruido podría traicionarlos. Alexander asintió, sus ojos analizando cada rincón del entorno, siempre en alerta. —Hay un almacén no muy lejos de aquí. Tiene un túnel subterráneo que lleva a una de mis propiedades fuera de la ciudad —respondió—. Si llegamos allí, estaremos a salvo... por un tiempo. El “por un tiempo” resonó en la mente de Emm

