En las Garras del Poder Los días pasaron lentamente en la mansión de Dimitri Antonov, pero la tensión era palpable. Emma estaba cada vez más atrapada en una red de intrigas que parecía estrecharse a su alrededor. Cada conversación, cada mirada intercambiada en esos opulentos salones, era un recordatorio constante de que estaba jugando un juego peligroso, uno donde la línea entre la lealtad y la traición se volvía cada vez más difusa. Alexander se mantenía en contacto con ella cuando podía, sus palabras cargadas de preocupación y advertencias veladas. Sabía que estaba en peligro, pero también sabía que Emma era su única esperanza para evitar que Dimitri se volviera un enemigo implacable. Emma, por su parte, estaba decidida a demostrarle a Alexander que podía manejar la situación, aunque e

