El Precio de la Estrategia La noche había caído sobre Moscú, y la fría oscuridad envolvía la mansión de Dimitri Antonov. Emma se sentía agotada, pero sabía que no podía permitirse bajar la guardia. Después de la tensa reunión y el acuerdo para liberar a Sergei, su mente estaba en constante alerta, tratando de anticipar los próximos movimientos de Dimitri y Alexander. De vuelta en su habitación, Emma miraba su reflejo en el espejo. La decisión que había tomado para salvar a Sergei era solo una pequeña victoria en un juego mucho más grande. Sabía que Dimitri no era un hombre que olvidara fácilmente, y que su aparente aceptación de su propuesta era solo una fachada. Alexander, por otro lado, también estaba moviendo sus piezas, y aunque confiaba en él, no podía dejar de preguntarse si estaba

