-Tranquilo... solo quiero ir al club. Extraño mi trabajo. Necesito hablar con Julieta.- tomo mi café- Además es un club exclusivo... solo los más ricos pueden pagar los precios en The Mask. Una corazonada que fuiste, nada más.- le pego otro sorbo casi terminándolo.
-No vas a ir. ¿Tienes que bailar para alguien? ¿Haces show privado para acostarte con alguien más?- su enojo es evidente.
Estoy cansada que me trate de esa forma.
Y estoy tan enojada que no me doy cuenta y le tiro el poco café que tenía.
-Estoy harta que me trates así. Sos el padre de mi hijo y nada más. No sos nadie para estar juzgando y preguntarme.- lo dejo ahí mirándome con su peor cara y me dirijo al ascensor para irme.
Estoy a punto de salir del shopping y siento que alguien me agarra del brazo.
-Espera no te vayas. Perdona lo que te dije pero no fue mi intención, no lo digo queriendo, es una estupidez lo sé.- me mira arrepentido.
-No podes decir y después perdonar. El daño ya está hecho. Y además es mi vida personal. Aunque seas el padre de mi hijo no tienes derecho a preguntarme nada- me suelto de su agarre y me voy.
Tomo un taxi, me dirijo al club, quiero ver a mi jefa que le debo explicaciones. Hay apenas luces prendidas. Voy a su oficina. No golpeo, directamente abro y me encuentro con la sorpresa que Julieta está teniendo un encuentro muy fogoso con el hombre, de mantenimiento, sobre su escritorio, cierro rápido la puerta y suspiro ha sido muy incomodo, aunque solamente mi jefa se dio cuenta, el hombre estaba muy entretenido amandola de forma muy salvaje. No es raro, ella es casada pero ya no están más juntos, no hicieron el divorcio porque ni ella ni su ex esposo quieren vender el club, cada uno hace su vida y solo comparten el amor por The Mask. Decido irme a la barra. Y lo encuentro al Barman Alejandro.
Miro el escenario y realmente lo extraño.
-Hola mi oro... Tanto tiempo sin verte.- me sonríe Alejandro.
-¡Hola loco! La verdad que si- le sonrío y nos abrazamos.
-Te daría un whisky pero sabes que fuera de horario no puedo.- se encoge de hombros.
-Si está bien. Tampoco puedo tomar alcohol. Con un vaso de agua me conformo.- tomo unos sorbos- me imagino que te enteraste de mi embarazo.
-No linda, no sabía nada.- se queda asombrado- pero te felicito ¡qué bueno! o ¿no?- me mira esperando mi reacción.
-Al principio no... Pero luego ¡sí! Pero el hombre que es el padre de mi hijo… es otro cantar- no quiero hablar de él pero mi mente siempre tiene que hacerme acordar de mi adonis cavernícola.
-¡Qué bueno! Ojalá pudiera… hablando de hombre vi uno que estaba para chuparse los dedos.- pone su cara de baboso.
-Qué bueno que empieces con tu vida amorosa de nuevo.- me pone muy contenta, siempre sufre por amor.
-Sí pero eso no importa ahora. Decime como fue. ¿Sos vos la chica que salió en las noticias? Pusieron una foto, movida, súper parecida a vos.- apoya sus brazos en la barra para que empiece el chisme.
-Si te referís a la que acusaron de inseminarse a propósito... si soy yo. Pero no fue que yo robe un esperma.- respiro profundo, sabía que algún día tenía que dar explicaciones, no son necesarias, pero son parte de mi familia en este club.- En la clínica, la secretaria, hizo un quilombo de papeles. En vez de inseminar a la mujer contratada, por el multimillonario, me lo hicieron a mí.- recordar ese día me da tanta bronca, pero amo a mi hijo así que estoy contenta, son emociones mezcladas.
La cara de asombro de Alejandro era tal que le tuve que contar todo lo que paso desde ese día en la clínica y el incendio de mi casa.
-¡Guau! ¡Tu vida de novela! Tienes que escribirla. Ganarías un montón.- su cara de imaginación era graciosa, pero parece no entender la gravedad de todo esto.
Al terminar de contarle todo y ponernos al día decido bailar la coreografía que hacía mucho la estaba creando.
Empiezo a moverme y escucho que alguien pone la música y a lo lejos veo a Alejandro que tira un beso hacia el aire. Le sonrío y le devuelvo el beso.
Empiezo a mover mis caderas, treparme y sostenerme con mis manos, luego con las piernas. Me siento la reina del caño. Acaricio mi herramienta de trabajo y doy vuelta sobre él para terminar abierta de piernas sobre el piso agarrada del caño.
Escucho que alguien aplaude y es la jefa. Me acomodo y nos vamos a su oficina.
Antes de sentarme y apoyar los brazos en la mesa me acuerdo de lo sucedido y me da asco, directamente alejo la silla de la mesa un poco.
-Me encanto tu coreografía, estaría bueno que la presente para un solo.- me mira seria, mientras se sirve una taza de té.- Y tranquila ya lo limpie todo- sonríe detrás de la taza.
-Que bueno saberlo y que considerada de tu parte- me río pero me siento tranquila que me diga eso.
Aun que me lo aclaró no me apoyo sobre la mesa y Julieta se da cuenta y solo se ríe.
-Bueno me da un poco de asco...- le sonrío pero un poco avergonzada.
-Está bien te entiendo... y realmente me gusto tu coreografía si quieres puedo darte un lugar para vos y luego bailas junto a tu compañera.- trata de recordar,- que nunca me acuerdo el nombre... bueno tampoco me agrada solo la tengo porque tienen una buena química para el numero.- se sincera mientras esta por tomarse su té, me ofrece pero me niego.
- Se llama Antonela...- siempre se lo repito- y si me encantaría el solo pero antes tengo que decirte que lo haría por un tiempo corto...- estaba emocionada por ese solo pero a la misma vez desilusionada porque no voy a poder hacerlo el tiempo que a mí me gustaría- Estoy embarazada...- conté nuevamente la historia de principio a fin.
Mientras le contaba le explique que quiero seguir trabajando hasta donde pueda hacerlo, tenemos clientes que le gusta cierto tipo de mujeres y las embarazadas no estaban en su menú, o hasta donde yo sé.
-Sí que tuviste tanta suerte en tener al padre... aunque para hacer ese tipo de procedimientos si es necesario la plata...- se queda pensando.
-Si eso no es importante ahora y tampoco quiero hablar de él...- ni siquiera pensarlo.
-Erica si está enojado porque sos bailarina es entendible... de a poco el mundo va cambiando pero no todos abren la mente- me mira y parece que me quiere decir algo mas ya la conozco.
-¿Hay algo que deba saber?- la miro y sabe que no voy a dar el brazo a torcer.
-Está bien te lo diré pero solo porque te aprecio y me ayudaste cuando te necesite con el club- si lo recuerdo, se perdieron los vestuarios y conseguí otros pero por un compañero de la escuela de danza.
-¡Bien!- parece importante.
-Hubo una mujer que bailo en nuestro club y quedo embarazada de uno de los que trabajaba de limpieza...-esta recordando todos los detalles.- muchas veces los encontré en alguna habitación del club, los interrumpía porque era exclusivo de clientes, o en el cuarto de limpieza... no recuerdo bien el nombre pero sé que empezaba con P. Aunque estaba embarazada ella seguía bailando, no a todos los clientes le gustaba porque era anti estético y vulgar, muchas personas la admiraban porque no podían creer que una mujer embarazada podía bailar en el caño.- sonreía al recordar esos eventos.- El club tomo una gran fama y la mujer bailo hasta los ocho meses de embarazo.
-Que lastima que no te acuerdas el nombre... pero no sabía que existía esa historia...- no podía salir de mi asombro. Una sensación me recorría por el cuerpo cuando dijo que su nombre empezaba con P.-No me acuerdo el nombre pero si una foto- va hacia un rincón de su oficina donde tiene cajas apiladas y busca la foto que ella mencionó, al rato encontró la foto.
-Aquí está, es ella, pero no tiene nombre... que lastima- me la muestra.
No lo podía creer es la madre de Lautaro solo que muchísimo más joven, ahora entiendo porque me defendió. Bailó hace mucho tiempo, vivió lo mismo que yo, ir por la calle siendo juzgada por tu trabajo.
-¿Pasa algo? Te quedaste muda Erica. ¿Estás bien?- me observa preocupada pero curiosa.
Salgo de mi asombro.
-Si estoy muy bien solo veo la panza que grande que es y yo voy a tener una igual...- ni loca voy a revelar la verdad de la madre de Lautaro. Julieta es muy buena pero con tal de ganar más fama haría cualquier cosa y puede arruinar la reputación de la familia Pears.
-Y luego la misteriosa P nos dejo pero muy triste porque el padre del bebé la dejo y no sabía nada de él. Luego ella nunca más apareció.- se encoge de hombros.
Entonces Lautaro nunca vio a su papá biológico, quiere decir que Lautaro no podría ser el dueño de la empresa familiar porque no es hijo biológico, tengo que averiguarlo si es posible.
Un golpe fuerte de la puerta me saca de mis pensamientos.
-¡Erica sal! Soy Lautaro tenemos que hablar... no quiero que discutamos ahora.- esta calmado o se contiene.
Dios no me deja en paz un segundo. Ni siquiera pude procesar lo que apenas descubrí.
-¡Ya salgo!- le grito y voy hacia la puerta.
Con pocas ganas decido confrontarlo y me armo de paciencia.
-¿Que quieres? ¿Llamarme zorra e irte corriendo y esconderte detrás de tus abogados y de tu plata?- me dirijo con tono irónico, buscándolo provocar.
-No, lo siento muchísimo realmente me cuesta creer que tu trabajo sea bailar para hombres...- su expresión es más bien de celos que de enojo.
-Y mujeres... no solo para hombres.- si se enoja por la aclaración me vale tres pepinos.
-Si tienes razón... es solo que me cuesta aceptar que la madre de mi hijo vende su cuerpo con tal de ganarse la vida, si quieres yo...- lo interrumpo.
-Alto ahí juzgador... primero yo no vendo mi cuerpo, si la prostitución es a lo que te referís, yo no cobro por sexo solo por bailar un show.- respiro de nuevo y mi paciencia se recarga.- Ni un cliente me pago por sexo. Segundo amo bailar y aquí es el mejor lugar para hacerlo de manera más sensual, sexy y de improvisación, respetan tu estilo y dejan que te re inventes. Lo que hacemos es arte, no te niego que algunas cobran por sexo, pero yo no. Y tercero si tu hijo tiene una madre que baila él no lo va a ver como un "pecado" o "inmoral" porque su madre lo va a educar de una forma que respete a todas las profesiones y personas.-lo acuchillo con cada palabra, le demostré que yo no soy una mujer que se queda callada y que no estoy en un mundo de mente cerrada como él.
-Hay cosas que vamos a tener que hablar en privado... sobre todo la crianza. Pero no me puedes negar que es una forma de vender tu cuerpo.- su cara es seria pero me tiene sin cuidado.
-Como quieras verlo... si hay demanda hay oferta así de simple... siendo un hombre de negocios y tan grande, tienes que entender de eso.- mi expresión facial y corporal, le demuestra que a mí no me va a querer ganar.- Y aunque te hagas el tonto vos sos uno de los que demandan.- si quiero le pongo el moño y lo dejo en su lugar.
-Está bien como digas pero vámonos a la casa que dentro de poco es la hora de la cena y por lo que me enteré ya te divertiste y es otro tema que hay que hablar.- en sus ojos ya no se ve a ese hombre que me miraba con cariño, solo veo a un Lautaro que no sabe cómo manejarme y tampoco lo hará.
-Si vámonos, ya me libere por un rato de la realidad y no me arrepiento.- me dirijo hacia Julieta que estuvo escuchando y viendo de arriba abajo a Lautaro.- Me voy jefa pero otro día vengo... acá te dejo un justificativo del porque no puedo venir.- se lo dejo sobre la mesa y me doy media vuelta saliendo de su oficina.
Salimos del club, subimos a la limusina y el camino hacia la casa fue muy silencioso solo se escuchaba como el chófer cambiaba la emisora y se escucha la canción que me gusta de Río Roma, por eso te amo. La canto y cierro los ojos, al terminar la canción me doy cuenta que Lautaro me mira con dulzura y al percatarse de eso cambia su expresión y mira por la ventana.
-Cantas muy lindo...- me habla mientras sus ojos observan el exterior.- solo no lo hagas cuando haya otras personas en la limusina, nunca cantamos es una falta de respeto- se limita a decirme eso y ambos quedamos mirando a través de las ventanas.
Llegamos a la casa y decido ducharme con agua tibia, empezó a ponerse un poco caluroso el clima. Busco entre la ropa nueva el pijama de Hotel Transilvania que encontré en la tienda de lencería y me busco las crocs. Bajo para la cocina y veo que Maria está sirviendo la cena. Sale un olor riquísimo de la cocina.
-¡Hola! Que riquísimo huele...- se me hace agua la boca.
-Hola señorita Erica es carne a la cacerola... no sabía que es lo que a usted le gusta, así que prepare un clásico- sonríe mientras sirve.
-Te ayudo, y deja de decirme señorita me incomoda...- la mira con cara seria.
-Está bien Erica ya no te lo voy a decir más. Dicen que una embarazada nunca se olvida las cosas que le dijeron.- se ríe.
-Exacto... y otros ya están ganando puntos negativos...- hablo en voz alta.
Maria no opina y la verdad que es mejor.
Preparamos la mesa y entra Lautaro a la cocina.
-Hola Maria ¿Como estas? Que rico, carne a la cacerola... qué buena pinta.- se friega las manos para devorar la comida.
-Si señor ya terminamos de poner la mesa... si quiere puede sentarse...- lo invita a que se siente.
-Alto ahí, por favor alcánzame el pan que está arriba, no llego, y también el papel de cocina. Que la verdad no entiendo porque esta ahí cuando tiene que estar al alcance pero bueno...- lo miro esperando que se levante de la silla y colabore un poco.
-Si claro... no hay que discutir con una embarazada.- me sonríe con pocas ganas.
-Exacto... además la casa es grande Maria debe estar cansada.
-No señorita Erica estoy bien, es mi trabajo.- se defiende por miedo a que su jefe se enoje.
-Por favor Maria se nota en tu cara que estas cansada, seguramente ni siesta pudiste hacer.- se nota su cansancio y está bien que trabaje pero ya es una persona mayor.
-Está bien, tiene razón Erica, trabajas mucho y la casa es muy grande... voy a contratar a otra persona para que te ayude.- Lautaro sonríe a Maria y yo me quedo más tranquila tiene que descansar antes que su cuerpo le pase factura.
Cenamos los dos solos, Maia se retiró a dormir y Lautaro no tuvo objeción, menos con mi cara.
-Gracias por escucharme realmente tiene muchos años Maria, no me refiero a que la eches pero sí que tenga ayuda de una persona más joven.- lo miro y le demuestro que no quiero pelear.
Siento como se mueve el bebé, me quedo quieta para sentirlo mejor, y mi sonrisa va de oreja a oreja.
-¿Que tienes? ¿Pasa algo?- me pregunta preocupado.
-Si estoy bien... solo que siento al bebé. Es la segunda vez que lo siento.- estoy que salto con las orejas.
-¡Wow! Qué bueno Erica no me habías comentado... puedo... ¿puedo tocar tu panza?- me pregunta muy dudoso.
-¡Pero si ven rápido que es por unos segundos que se me mueve fuerte!- le coloque su mano en mi panza.- ¡Ahí, se movió de nuevo!- le digo medio que a los gritos.
-Pero no ciento nada... ¿estás segura?- me mira como si estuviera loca.
-Obvio que sí, es mi cuerpo...- lo miro y le hago entender que puede dudar.
-Mmm... no... La verdad que no. Debe ser que solo lo sentís vos porque todavía es chiquito.- su cara es de decepción total. Me entra un poco de tristeza pero a medida que pase el tiempo lo va a sentir.
Terminamos de cenar y juntamos la mesa.
-Yo lavo y tu secas- le tiro un repasador.
-Pero esto lo hace Maria, cuando se levante mañana lo puede hacer.- se queja y se ve las pocas ganas que tiene de ordenar.
-Por favor, mañana sino tiene que lavar los platos, la olla y limpiar toda la casa. En un ratito terminamos.- le pongo mi hermosa cara de que no se queje mas y empiezo a lavar.
-Bien... solo porque tienes razón.- sonríe pero disimula.
-Bueno empieza secando y guardando así me haces lugar en el seca platos.- le digo y cuando lo miro me doy cuenta que ni él sabe donde se colocan las vajillas. Me hago la boba.- ¿Qué pasa? ¿Te dan miedo las puertas?
-Ja ja chistosa pero no es ese el problema... no tengo ni la más remota idea de dónde van las cosas.- se confiesa mientras empieza a abrir puerta por puerta.
-Me lo imagine... capaz tienes tremenda bomba en tu casa y ni cuenta te das.- me burlo y lo ayudo.
A medida que abrimos las puertas vamos descubriendo donde se guarda cada cosa.
-Muy bien solo falta guardar estos vasos y listo.- le digo con una sonrisa y él me la devuelve.
-Bueno yo los guardo enana.- se ríe.
Al querer pasar al lado mío me muevo justo a la dirección que él iba a pasar y nos quedamos muy juntos. Sentí su respiración en mi frente y como mi cuerpo lo llamaba, veía sus labios y quería realmente besarlo, observo como su piel se eriza y la mía está igual. Nos acercamos lentamente y nuestros labios se rozan, mi celular suena y la atracción s****l se esfuma. Nos separamos.
-Bueno guardo los vasos y me voy a duchar, descansa...- en sus ojos todavía está el deseo y escucho como su respiración aun esta agitada.
-Si claro... yo voy a ver quién me llama..- agarre mi celular y me fui hacia la habitación.
Llego y observo quien me llama y es Raquel. Carajo me olvide de contestarle todos los mensajes que me envió.
La llamo.
-Hola Sofía... no me odies por favor- le ruego y sé que a ella le encanta eso.
-¡Al fin se algo de vos y que estas viva!- siento su furia desde lejos.
-Si lo sé pero bueno como sabes a veces ni yo sé lo que está pasando con mi vida... solo sé que estuvo a punto de terminar si no hubiese sido por Lautaro que me salvo...- al nombrarlo recuerdo lo que paso en la cocina y mi corazón empieza a latir muy rápido.
-Con más razón, soy tu mejor amiga y tienes que mandarme mensajes... pero bueno sé que sos re colgada así que te perdono. Pero si pasa algo malo y pasan días que no hablamos nuestra amistad se termina. ¿Me entendiste Erica?- entiendo que habla en serio.
-Si mejor amiga y te lo voy a compensar con una tarde de chicas.- se que con eso afloja porque me tiene exclusivamente para ella.
-Muy bien entonces el sábado sos totalmente mía ¡y nada de excusas!- me tira un beso y corta.
Bueno de seguro papá hablo con ella por lo tanto solo quería escuchar mi voz. Es la mejor amiga del mundo. Antes de ir a la cocina quiero pasar por el baño me estoy haciendo pis de nuevo.
Entro sin golpear y lo veo a Lautaro desnudo, viendo su cuerpo como dios lo trajo al mundo. Los dos quedamos en shock pero él se tapa rápido, con la toalla, salgo del baño.
-Por favor... que fuerte... que espalda y ese m*****o tan... por favor que calor...- me saco las crocs y quedo descalza, sintiendo el frio del piso, voy a la cocina a buscar agua. Pero antes voy al otro baño hacer pis.
Al agua me lo tomo como si hubiera corrido una maratón. Realmente estaba para darle con todo.
-Escucha tienes que tocar la puerta de un baño no sabes quién puede estar y entras así como si nada.- llega Lautaro molesto y avergonzado.
No lo escuche bajar las escaleras, me sorprendió, más bien me asuste y tire un poco de agua en el piso.
-Si tienes razón.- mi cara esta roja como tomate.
-Bueno toca la puerta no quiero que pase de nuevo. Y deja que yo limpio el agua que tiraste- se mueve muy rápido.
Tardo en reaccionar. Lautaro agarra un trapo para secar el piso, se agacha y yo me quedo delante de él. Dejando a la altura de su boca mi pelvis. Quería correrme pero quede atrapada entre la mesada y su cuerpo. Lautaro se dio cuenta y se aprovecho para tocarme, por arriba de mi ropa. Mi cuerpo reacciono de la forma que no quería, mi inconsciente me está jugando de mala forma…
-Si quieres que pare… lo haré…- levanta su mirada y nuestros ojos se encuentran.- Te deseo… pero respeto tu decisión.
Siento el calor de su aliento cerca de mi zona intima, traspasa el pantalón y mi tanga. No sé qué hacer, mi corazón dice que si pero mi mente dice que no, es un peligro, es un desconocido. Pero cuando quise decirle que no. Me agarra la cara y me da un beso fogoso y desesperado. Yo respondo de forma torpe, estoy confundida. En ese instante me sube a la mesada.
Cuando quiere tocarme debajo de la remera lo detengo.
-Lo siento… pero no puedo hacerlo…- me bajo de la mesada y lo dejo solo en la cocina.
Decido entrar a mi habitación y ducharme para sacarme el deseo que este hombre instalo en mi cuerpo. Sentir su deseo crecer, estaba a punto caramelo y no devorármelo, siento que cometí un pecado en haberlo detenido.
-No Erica, está bien lo que hiciste.- me hablo viéndome en el espejo.- solo quiere engañarte… no sabes qué tipo de hombre es…
Al día siguiente tenemos que hacer los estudios que mando mi ginecóloga, tengo que levantarme temprano.
Con el padre de mi bebé, voy actuar con normalidad, no paso nada. Me duermo pensando en unos días volver a mi trabajo y sé que a Lautaro le va a molestar, pero nadie me va a prohibirmelo a no ser que la doctora me lo diga. Ya la calentura en mi zona intima se fue, ahora solo me queda el enojo al pensar que ese imbécil puede arruinar mi trabajo. Si que las hormonas te vuelven locas…