—Muy bien, tú ganas. Puede que la ley no te toque, pero por tu comportamiento... Estoy segura de que si existe una persona que puede obligarte a hacer cualquier cosa y no tienes idea de lo que soy capaz de hacer para proteger la integridad y la felicidad de mi hija, aunque tenga que morir en ello. No me retes niño rico, tú no sabes lo que he vivido y de lo que he hecho o de lo que puedo hacer para proteger a mi familia, aunque me lleve a la muerte. Él no dice nada, simplemente se limita a observarme a los ojos sin mover un solo músculo de su cuerpo, hasta que entra alguien sorprendiéndonos. —¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? Parecía que a él no le importaba esa persona, ni nada más que él mismo, puesto a que se inclina hasta mi rostro para susurrar en mi oído sin interesarle la pre

