—No me iré. ¿Ha dicho que no se irá? ¿Cómo es posible qué no se irá? No pude evitar reírme de su respuesta, seguro que me veía como una loca por la manera en cómo me he reído, pero era inevitable hacerlo, puesto a que era realmente estúpido pelear con él. —¿Se puede saber por qué no te puedes ir? —Son órdenes. —¿Órdenes? —Sí. —Te pido que por favor te vayas, esto es acoso y puedo demandarle. No espero a que me responda, sino que lo dejo con la palabra en la boca y regreso a la casa. Cierro de un portazo y entro en mi habitación. Me tiro en la cama y me obligó a cerrar mis ojos para dormir, pero era imposible. No podía dejar de pensar en lo fastidioso que era tener a ese hombre cavernícola afuera de mi casa. Las horas pasan y fue imposible dormir. No tuve más opción que levantarme

