Contrato

1807 Words
Ramiel: Cruzo los brazos bajo mi almohada tratando de buscar una posición más cómoda. Aunque había logrado relajarme un poco, el sueño no llegó a mí en las siguientes horas de la madrugada. No llevaba la cuenta, después de la muerte de Keyna me había desecho de todos los relojes que tenía. La mayor tortura a le que fui sometido después de la pérdida fue el lento paso del tiempo, por lo que cada segundo que transcurría era toda una vida para mí. Me volví a girar. No recuerdo cual fue la última vez que dormí más que un par de horas. Las noches eran las más duras. Cuando todo se quedaba en silencio y mi mente no paraba de dar vueltas, a veces buscaba alivio en otras cosas. Como componer. En casi un año ya había sacado un álbum entero. No se cuánto tiempo transcurrió mientras detallaba el gravado en la puerta de madera cuando un sonoro estruendo retumbó desde la sala. Me incorporo de un salto y me apresuro en salir por si había pasado algo urgente. —Quédate... quieto —escucho la voz de Nish tratando de susurrar, pero fracasando estrepitosamente. —¿Te casarías tú por mi?... Siempre has sido un buen amigo —las palabras siendo arrastradas me sonaban sospechosamente a Rider. Otro sonido fuerte llegó a mis oídos. Apresuro el paso. Justo cuando estoy a punto de salir del pasillo, otra puerta se abre. —¿Tío Rael? —Pregunta la suave vocesita de Niky. —Maldita sea —gruño lo más bajo posible para que el pequeño no me escuche. Sus cortos pasos se dirigen hacia mí perezosamente. Lo espero hasta que me alcanza, luego me agacho para tomarlo entre mis brazos y cargarlo. —¿Hoy es tu fin de semana con papá? —Pregunto, suavizando la voz como solo hago cuando se trata de este enano. —Sí —se limita a responder mientras se frota los ojos entrecerrados. —Quise esperarte pero papá me obligó a dormir —me confiesa con un tono molesto acompañado de un puchero de inconformidad. Su queja me hace reír. Lo acomodo entre mis brazos y le deposito un beso en sus regordetas mejillas. —Está bien. Debes dormir bien, sino no crecerás tanto como nosotros. Lo veo hacer una mueca y negar con la cabeza, gesto que provoca que sus mechones rubios se revuelvan en el proceso. —Ya soy un niño grande... puedo dormir tarde —su intento por parecer convincente sale más como un berrinche. Sonrío cariñosamente y justo cuando abro la boca para responder, otro golpe en la sala me interrumpe. Luego una cabeza se asoma por la esquina del pasillo. —Oh, hola —saluda Nish antes de desaparecer nuevamente detrás de la pared. Frunzo el ceño con obvia molestia. Antes de poder dar un paso al frente el pelirrojo vuelve a dar la cara, pero esta vez mientras arrastra a un delirante Rider por el suelo. —Si me sigues arrastrando se me ensuciará el traje... Tú no lavas —dice el castaño, tratando de parecer sobrio. —Tú tampoco, así que cállate. Y si hicieras el mínimo esfuerzo por ayudarme, llegaríamos más rápido. Aprieto la mandíbula para tratar de controlar mi enojo. Deberían ser más conscientes de lo que hacen. El pequeño en mis brazos los observa con total atención. —¿Por qué el tío no puede caminar? —Pregunta a nadie en particular. —Es que el tío Rider... —comienza diciendo Nish, pero debe hacer una pausa debido al esfuerzo que hace para arrastrar al castaño pasillo adentro —...tiene mucho sueño, y como pesa mucho, no lo podemos cargar como hacemos contigo. —Ahhh —se limita Niky a exclamar. Me inclino para dejar al pequeño en el suelo y hago un gesto para incitarlo a regresar al cuarto. —Vuelve a dormir, Niky. Él asiente sin oponer mucha resistencia y deshace sus pasos hasta la puerta por la que había salido. Cuando ya nos aseguramos de que no saldrá nuevamente, me dirijo hacia los dos idiotas que están a unos metros. —Si Susan se entera de esto, caerá toda la culpa sobre ustedes —y aclarado esto, tomo a Rider por las axilas para levantarlo. Entre Nish y yo lo sostenemos, uno por cada brazo, y nos dirigimos a su ala de la casa. Atravesamos con mucho esfuerzo la sala privada hasta llegar a su habitación, para luego dejarlo caer en su cama. El castaño se queja con palabras incomprensibles, pero se acomoda en el colchón, abrazando una de sus almohadas. El pelirrojo y yo nos observamos el uno al otro por unos segundos, hasta que el peso de mi mirada enojada lo hace querer hablar. —No me juzgues así. Yo no tengo nada que ver con esto. Entrecierro los ojos, pero decido no preguntar más. Mañana Rider me explicará detalladamente por qué llegó a casa en esta situación, aún sabiendo que Niky se quedaría hoy y podría verlo así. El rubio enano es demasiados pequeño para saber lo que es una borrachera, y su madre no se había contenido al hacernos entender eso. Me retiro al fin hacia mi zona, pero sin volver a intentar dormir. Esta vez me tiro en uno de mis sofás privados a fumar hasta que amanezca. Tal vez podría escribir una nueva canción. Tal vez podría emborracharme yo también. Ya no soporto el pasar lento de los minutos. . . . Mi teléfono suena cerca de mí. Estiro la mano para tomarlo sin tener que pararme. No tenía muchas ganas de moverme hoy. —Dime —contesto sin mirar el nombre en la pantalla. —Ya le envié el contrato a la señorita Nevers. No me ha contestado de inmediato, pero lo hará en cualquier momento —me informa Matt al otro lado de la línea. —Perfecto. Avísame cuando lo haga —y sin darle tiempo a que hable, cuelgo. Le doy otra calada a mi cigarro. Luego un largo trago al café. El timbre del aparato vuelve a perturbar mi calma. —¿Y ahora que mierda quieres? —Respondo con el tono impregnado de molestia. —¿Buenos días? —La voz, dulce pero firme, llega a mis oídos como un chorro de agua fría. —¿Quién habla? —Pregunto sin tanta brusquedad, pero con un tinte de extrañeza. —Soy Kate Nevers, señor Fiht. Una sonrisa divertida se apodera de mis labios al escuchar su explicación. —Oh, que sorpresa —ironizo casi con burla. —¿A qué se debe el honor? No contesta de inmediato, como si se pensara por segunda vez la razón de su llamada. El silencio se prolonga por casi un minuto. —Después de una minuciosa revisión del contrato debo confesar que me interesa, pero antes de firmar cualquier documento oficial, me gustaría discutir algunos términos. Tal vez llegar a un acuerdo —se escuchaba decidida, pero casi como si lo dijera entre dientes. —Claro que sí. Tengo un par de horas libres en este momento. Podemos quedar para desayunar —me río al imaginarme la mueca de fastidio que haría con sus carnosos labios. —Lo siento, señor Fiht. Preferiría discutirlo con su abogado. Pero de igual forma usted debe estar presente, por eso lo he llamado. Podemos programar una reunión para dentro de unas horas. Pongo los ojos en blanco antes de contestar. —Como quieras. —Perfecto —finaliza la conversación antes de cortar la llamada. Podría ser interesante molestar a nuestra nueva mánager. Así haría que el tiempo pase un poco más rápido. . . . —Entonces tenemos un estimado de ventiun estados, por lo que necesitamos poco más de cuarenta días para completar la gira —continúa hablando Matt. —Necesitamos que gestione todo lo mejor posible. El anterior fue despedido por no hacer bien su trabajo, pero la contactamos a usted porque dieron muy buenas referencia. Esperamos que esté al nivel de las expectativas. La señorita Kate se encuentra sentada en su silla de oficina, con una de sus largas piernas cruzada sobre la otra, haciendo que su falda de tuvo se ciña a sus fuertes muslos. —Lo que quiere decir usted es que me dejarán todo el trabajo duro a tan sólo un par de semanas de la gira, y aún así quieren que todo salga perfecto —aclara mientras se recuesta en la silla, sus ojos de un pardo suave evaluandonos a ambos. —Me parece que el dinero que te ofrecemos es suficiente para calmar las molestias —habló por primera vez desde que comenzamos la reunión. Sus ojos no pueden evitar transmitir el disgusto que siente hacia mí persona. —Es un buen pago, tiene razón. Pero soy una mánager, no un mago —espeta con impaciencia. Me inclino hacia delante para intimidarla un poco, aunque el escritorio nos mantuviera a una distancia considerable. —Siendo sincero, me importa una mierda si algo sale mal. Puede faltar algo o incluso retrasarse un concierto. Podemos estar de gira tres meses si es necesario, lo único que no puede suceder es que nos quedemos sin mánager —digo con extrema lentitud para hacerme entender, no solo a la chica de unos treinta años, sino también a mi enérgico abogado. Veo como Kate aprieta la mandíbula, casi para obligarse a callar. —¿Podrías mostrar un poco más de respeto? Me parece vulgar que hables con tantas groserías —dice entre dientes. —Deberías acostumbrarte. Creo que pasaremos mucho tiempo juntos —le regalo una sonrisa de suficiencia. La pequeña pelinegra toma una respiración profunda antes de responder. —Como sea... —la molestia es evidente en su voz. —Podemos aclarar algunos puntos del contrato. Así me podré poner a trabajar en su caso lo antes posible. Sentí la satisfacción de haber logrado mi cometido. Alcanzo la caja de cigarros en mi bolsillo antes de llevar uno a mis labios y encenderlo. El silencio se extendió como el humo por el ambiente. —Minimamente no fumes en mi oficina —Nevers aprieta los puños con odio y frustración. —No es necesario que me regañes —me río por lo bajo mientras me levanto de la silla. —Ya me iba. Tengo un ensayo dentro de media hora. —La mirada de Kate y la mía se conectan. —Es un placer, me alegra poder trabajar contigo —desvío mi atención ahora hacia Matt. —Llamame si necesitas mi aprobación para algo. Ambos se quedan en silencio y tomo esa señal como mi despedida. Antes de irme por fin, no pude evitar echar un vistazo sobre mi hombro, hacia la enana pelinegra sentada de forma elegante detrás de su escritorio. La irritación que me profesas... es totalmente mutua, señorita Nevers.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD