Narra Paola. Abrí los ojos, estos los sentía muy pesados, como si no hubiera dormido en días, lo único que logré vislumbrar fue a esa persona frente a mí, y claro, el lugar en el que nos encontrábamos. —Sera mejor que me dé prisa, no quiero dejar ningún cabo suelto. Agilice mi oído para reconocer la voz, y lo hice, pero ¿Por qué? Toque mi estómago y este seguía sangrando demasiado, las lágrimas que caían por mis mejillas, ya se habían detenido. Estar en el este salón, a solas con la persona que quiere asesinarme, me deja con muy pocas posibilidades de poder sobrevivir, yo tengo sueños, metas, quiero que se cumplan, no estoy lista para morir, no quiero hacerlo. Las lágrimas nuevamente empaparon mis mejillas, y el silencio fue roto por mis sollozos. —¿Por qué? —alcancé a decir, mientr

