─Coloco mi confianza en ti, con algo preciado ─declara, colocándome más peso en los hombros ¿Acaso no te quieres montar también encima? Espera, no de esa manera. Mis mejillas se calientan ante el desvío de mi pensamiento. Dejo mi espalda en el asiento, mirando hacia la ventana. ─Ni que lo fuera a perder ─acoto con un refunfuño. ─Virginia ─asevera. Ruedo los ojos, resoplando. ─¿No que mucha confianza en mí? Cálmate, satán, puedo cuidar de un anillo y más si es importante para ti ─reitero. ─¿Qué tal se me ve? ─Cuestiono, mostrándole mi mano. Él ve mis ojos, podría jurar que hasta más allá de ellos. ─Perfecto ─musita, carraspeando. Mis luceros se queda en el anillo, sonriendo. ─En la cena no puedes decirme “satán”, puedes hacerlo en cualquier ocasión, pero, delante de mi f

