— Señor Lorraine que agradable volver a verlo, no sabía que estaba de nuevo en la ciudad. — Llegué hace tan solo una semana.—Explicó con una suave sonrisa que no parecía realmente genuina, más bien parecía fingida… amabilidad que tenía tan ensayada que era difícil notarla, a no ser que su interlocutor lo conociera muy bien. — Y muy bien acompañado, como siempre.—El hombre no dudó en barrer exhaustivamente con la mirada, de arriba a abajo el cuerpo de la chica hasta que Marius carraspeó y lo fulminó con la mirada por descarado, provocando la posesividad del francés, él era el único que tenía derecho a aquello, a repasarla de ese modo. — ¿Su mesa de siempre? — Esa será perfecta, pero no hace falta que nos acompañe, yo mismo conozco el camino. Y antes de que pudiera responder, llevó un b

