Una semana antes

880 Words
Me levante a las 9 de la mañana, todo era normal. Rutinario. Mi madre me tenía café, porque me encanta el café. Mi hermano David estaba jugando con sus carritos y a la ves veía caricaturas. Le encantaba paw patrol, aunque yo no le miraba gracia. Pero bueno... Gustos son gusto. —Mañana tienes que comprarte tu portafolio hija. Mi pequeña ya es toda una universitaria. No sabes cuanto me enorgulleces. Me dice mi madre, yo la corte y le conteste: — Ma, ya para. Y si, mañana compro mi portafolio y tintas. Le sonríe a mi madre, para calmarla un poco. Me senté en el comedor de madera que teníamos y me bebí el café. De pronto suena mi teléfono, es un mensaje de mi padre que dice; que compro mi portafolio como regalo, por mi primer día en la U. Si, lo sé, todos estábamos emocionados ¿y cómo no? Su única niña en una semana, entra por primera vez a la U. Y claro, eso es un gran logro para mí, porque pronto sería todo una licenciada. Tengo dos hermanos, mi hermano mayor que tiene 24 años se llama igual que mi padre Juan, y mi hermano pequeño; David, el tiene 5 años y ya va al kínder. Y los tres somos totalmente parecidos, somos una copia de cada uno, a exención de mi hermano pequeño. Él tiene el cabello rubio y unos ojos verdes. En cambio mi hermano mayor y yo eras totalmente idénticos. —Hay estás Jessy. dijo mi hermano mayor. —Me supuse que estarías bebiendo café en la mesa. Hice un gesto y me reí. — Jessy, estoy contento por ti, pero me gustaría llevarte y traerte cuando vayas a la Universidad. Le corte de inmediato. —¡Nah! Ya estoy grande, y ahora yo me puedo cuidar sola. Juan se ríe y baja la mirada, por mi respuesta. —Bueno niñas grande, si eso quieres... De pronto le grita mi madre: —¡Madre ya me voy al trabajo! Mi madre le contesta alzando la voz: —¡vaya hijo, que Dios te cuide! Una semana después.... ¿Por qué no le permití a mi hermano que el me dejara? ¿Por qué dije que me podía cuidar sola? Si en este momento estoy asustada sin saber qué hacer. Mientras camino rápido, veo la sombra de ese sujeto. El me estaba persiguiendo. De pronto su mano toca mi cara y tapan mi boca, su otra mano está puesta en mi cintura. Pataleo y muerdo su mano, solo lo escucho quejarse. Pero estábamos en completo silencio, como si el mundo se detuviera y no hubiera nadie a tu lado que te salve. Grito con toda mis fuerzas. —¡¡AYUDA!! Pero parece que nadie es capaz de oírme. De pronto suena el freno repentino de un turismo n***o, a nuestro lado. Se bajan los vidrios y escucho una voz de un hombre más. —¿Que está pasando aquí? Mi agresor me suelta repentinamente. Yo me acerco a la ventana del coche y le digo el hombre que es mi Salvador: —Por favor ayúdeme, ese sujeto me está acosando. El hombre contesta: —Claro nena, súbete al coche. Rápidamente me subo en la parte trasera del coche, pero cuando estoy cerrando la puerta veo a mi agresor con una sonrisa de oreja en oreja, y cuidadosamente veo el retrovisor y veo el reflejo de los ojos mi supuesta salvador, una mirada fría y calculadora. Algo en mi me hizo dudar, y lo único que pensaba era salir corriendo. Cuando abro más la puerta, para salir corriendo, una mano con un trapo estaba en mí cara, era la mano de mi supuesto salvador. Trate de quitarme la, pero todo empezó a verse borroso y perdí el conocimiento. Caí recostada en las sillas traseras del carro. —Salió un poco agresivo la chiquilla, mira la mordida que me dejó en la mano. Dijo mi agresor. —Pero, lo que tiene de agresiva lo tiene de linda. Le respondió mi supuesto salvador. —Esta bien buena, esta vez te luciste. Por recompensa tu serás el primero en estrenar la. Ahora súbete al carro pedazo de basura. Mi agresor se sube donde voy yo inconsciente, en la parte trasera del carro. El coche empieza a moverse, de pronto la mano de mi agresor empieza a tocarme, yo estando inconsciente. Ahora se lo indefensa que pueden ser las mujeres en este tipo de problemas. —Deja de manosear la aquí en el carro, pronto iremos al cuartito, donde solo será nuestra. Aunque podemos sacar muchos beneficios de ella. Mi agresor paró de tocarme. Y entre los dos empezaron a reír a carcajadas. Pararon en un sitio que no conocía, me envolvieron con un edredón, de pronto me sacaron del carro chineada, y saludaron unas personas, pero nadie se percataba que yo estaba ahí, envuelto en un edredón. Una puerta se escucha abrir, de pronto me tiran en un colchón sin sábanas, la luz se enciende y mi supuesto salvador le habla a mi agresor: —Es toda tuya Luis. Claro ahora sé cómo se llama mi agresor. Luis. Mi supuesto salvador se va, se cucha cerrar la puerta. Luis se empieza a acerca donde estoy yo.
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