Mientras Adam practicaba con la magia que le había estado enseñando, lo observaba en silencio, sentada en el borde de la mesa. Su concentración era admirable, y aunque aún tenía un largo camino por recorrer, no podía evitar sentir una especie de orgullo por él. Había venido tan lejos, enfrentando todo tipo de peligros y desafíos solo por estar a mi lado. Esa devoción... era algo que nunca había experimentado de otra persona, y eso me hacía sentir algo que no había sentido en siglos. Una conexión real. Pero algo me inquietaba profundamente, una sombra que no podía ignorar más. Adam estaba tan decidido a estar conmigo que, aunque lo había advertido una y otra vez, no terminaba de comprender las verdaderas implicaciones de lo que significaba estar involucrado en el mundo de la magia. Era hor

