Pero antes de que pudiera responder, June se giró y salió de la habitación, dejando a Adam solo con sus pensamientos. Se dejó caer en el sofá, sintiendo cómo la desesperación se apoderaba de él. Quería correr tras ella, decirle que lo sentía, que haría lo que fuera para arreglar las cosas, pero algo lo detuvo. Un miedo profundo y paralizante a lo que el futuro les deparaba, a lo que significaría renunciar a su identidad por amor. Y así, Adam se quedó solo en la cabaña, con la única compañía de sus pensamientos, sintiendo cómo las dudas y el arrepentimiento lo consumían. Sabía que había herido a June, pero también sabía que había sido honesto con ella. Ahora solo quedaba esperar y ver si el amor que compartían era lo suficientemente fuerte como para superar la tormenta que acababan de desa

