CLAIRE LEBLANC Los últimos días habían sido un verdadero infierno. Mi celular no paraba de vibrar con los mensajes insistentes de George, como si estuviera intentando arrastrarme de vuelta a una vida que yo había dejado atrás. Siempre había sido manipulador, pero ahora estaba rozando lo ridículo. "Volvamos a empezar, Clare, por el bebé", decía en cada mensaje. Como si un hijo fuera motivo suficiente para borrar todas las traiciones, las mentiras y el control que trató de ejercer sobre mí. Suspiré, tirando el celular al otro lado del sofá y hundiéndome entre los cojines. Cada vez que veía el nombre de George en la pantalla, algo dentro de mí ardía de rabia. Estaba tan desesperado por volver a colarse en mi vida, pero no entendía—o fingía no entender—que no había vuelta atrás. No importaba

