Recién despertaba y sentía mi cuerpo demasiado pesado. Intenté abrir mis ojos y enseguida volví a cerrarlos, no aguantaba esa luz blanca que daba directo a mi rostro. Un sonido molesto se escuchaba cerca de mí y quería que se detuviera. -No te muevas mucho Tabi. -Escuché la voz algo lejana de Marco. -¿Quieres agua? Debes estar sedienta. ¿Desde cuándo tanta amabilidad? Quería hablar pero mi garganta estaba tan seca que ni un jadeo podía salir. Marco tocó un botón de la cama en la que estaba y esta se acomodó de manera que quedara sentada, fue entonces cuando me di cuenta que estaba en un hospital y que tenía muchos cables extraños en mi brazo, manos y nariz. Luego de beber un poco de agua y satisfacer a mi garganta, por fin pude hablar. -¿Qué demonios hago acá? No recuerdo que me disp

