Desperté por el dolor sumamente agudo que sentía en mi hombro y di un respingo cuando se incrementó de la nada. -¡No te muevas! Necesito sacar la bala para suturar. -Gabriel me miró por unos cuantos segundos y volvió a introducir una fina pinza en mi hombro. Maldición, dolía horrores y la incomodidad del asiento de trasero no ayudaba en nada. -Agh. -Cerré mis ojos con fuerza y traté de no moverme. -No muevas tanto la pinza, ciérrala e introdúcela hasta el fondo, cuando sientas el metal la abres y sacas la bala. Gabriel hizo exactamente lo que le dije y consiguió la endemoniada bala, el problema es que yo seguía sangrando demasiado. -¡Demonios! La de la pierna no estaba tan profunda. -¿Cómo conseguiste material quirúrgico? -Pregunté cuando noté una bolsa llena con ampollas, jeringa

