El agua se veía apacible, parecía nada perturbarla, ni siquiera el viento más fuerte. Y en ese momento envidié su valentía. El atardecer se pintaba de colores, esos atardeceres eran mis favoritos, le daba un tinte especial al día, sin importar que hubiese sucedido antes. De alguna manera cuando sentía el perfume de Erin, me llevaba a esos atardeceres entre otras cosas. Erin estaba distraído tomando fotos de todo lo que veía alrededor. Habíamos ido a visitar otros lugares, pero sin duda este era mi favorito, los faros tenían un algo espacial, eran solitarios, habían sido diseñados con solo un propósito, advertir, sin embargo, la belleza que le daba estos a los paisajes nos daba a entender que no estamos solos, que aunque no lo esperemos, siempre debemos tener la luz encendida, más en l

