Esa mañana todos se levantaron muy alegres, corrían de un lado para el otro cargando los autos y procurando que no se fuera a quedar nada, las más emocionadas eran mamá y Astrid mi hermana.
- No dormiste anoche – inquirió papá, dando un sorbo a su té.
- ¿Se nota mucho? – pregunté algo asustada, no quería verme mal el día de mi boda.
- Siempre estás hermosa- me tranquilizó con una sonrisa.
- Gracias papá -
- No te ves muy feliz -
- Solo estoy nerviosa – respiré profundo para llenarme del aroma, soplé y di un pequeño sorbo.
- Andando, andando…- pasó gritando mamá.
La seguimos detrás, dejando nuestra bebidas sin terminar encima de la mesita de la entrada, nos subimos al coche y arrancó su camino, debíamos llegar hasta Borgund, era lo único en lo que había podido decidir sola de los preparativos de la boda, en Borgund se encuentra una de las iglesias más antiguas que había sido construida en la edad media, ahora funcionaba como museo y por medio de mis compañeros curadores había podido alquilarla para hacer la boda en ese lugar, es una edificación majestuosa, hecha completamente en madera, habíamos viajado la noche anterior desde Oslo hasta Hemsedal, de allí nos quedaría más cerca para no preocuparnos por llegar tarde a mi boda. En Borgund habían acondicionado una habitación para vestirnos y maquillarnos. Daniel llegaría directamente desde Oslo, junto con su familia. Algunos invitados se habían quedado en un hotel cercano de la zona. Y otros llegarían en el transcurso del día.
Seguí viendo pasar las cosas, las personas en cámara lenta, la mujer del maquillaje se tuvo que esforzar por ocultar mis ojeras, mi vestido era un bunad azul oscuro con arreglos florares rojos y rosas, vestido típico de bodas noruego, tradicional, así como nuestras familias. Mi cabello iba suelto en ondas.
Al llegar la hora todos se fueron, para saludar y ponerse en su lugar, cada paso que di me costaba, ya se sentía el viento helado de invierno correr por todos los lugares, los violines empezaron su tonada tradicional, todos se pusieron de pie, yo pasé saliva e intenté respirar.
Papá me esperaba en la entrada para darme su mano, realmente agradecí que estuviera allí, ahora sabía la importancia de ese ritual, no es para que el padre simbólicamente entregue a la novia al hombre que va a ser su compañero de por vida, realmente es para no dejarte caer en el eterno camino de la entrada a el altar. Papá era y siempre había sido eso, mi mano para no caer, desde que empecé a dar mis primeros pasos en la vida, hasta este momento.
Daniel se encontraba del otro lado del salón su bunad, combinaba perfectamente con el mío, lo detalle perfectamente, su rostro era implacable, parecía sacado de algún cuento de hadas, sus ojos verdes resaltaban entre todo y su amplia y perfecta sonrisa me tranquilizó.
La decoración del lugar había quedado espectacular, los arreglos florales tenían ranúnculos blancos, paniculatas con ramas de eucalipto que llenaba el lugar con ese maravilloso aroma, cardos y astilbes lilas que le daban mucho color. Finas telas vestían las sillas, parecía todo un cuento de hadas. Siempre había valido la pena la dedicación y todo el tiempo invertido en los preparativos.
- Se feliz- me susurró papá en el oído antes de entregarme a Daniel, me dio un tierno beso en la mejilla y cuando se alejó pude ver sus ojos llenos de lágrimas.
Se hizo un nudo en mi garganta, cerré los ojos fuertemente y unos ojos azules aparecieron debajo de mis parpados.
¡No!, me dije mentalmente.
Daniel me tomó de las dos manos y me sostuvo con firmeza, sonreí ampliamente e intenté hacer lo mismo. Nos miramos directamente a los ojos.
-El día que llegaste a mi vida el cielo me sonrió o no sé si fuiste tú, es fácil confundirlos cuando ambos son una parte esencial de mi vida.
Sé muy bien que nadie en este mundo podría ser más afortunado que yo al tenerte a mi lado aquí, hoy, en nuestra boda, sé que ha sido difícil y puede que lo sea aún más, pero te prometo que trataré de hacerte comprender y vivir la vida más tranquilamente, te prometo que todo el amor que te profeso es puro y sincero, te prometo que nunca dejaré de amar esos ojos azules descendientes de los fiordos y el hielo. Te prometo amarte siempre Lena. – Unas lágrimas rodaron por mis mejillas al escuchar sus sinceras y amorosas palabras.
- Antes que hacerte un juramento, te tengo que declarar que después de todo nunca pensé encontrar a alguien que me quisiera tal cual soy, un desastre, cuando la vida nos juntó me trajo consigo tu tranquilidad, tu serenidad, eres mi total opuesto y por eso me complementas, los días que esté junto a ti trataré de hacerte feliz, de amarte y aunque me veas ensimismada o lejana siempre estarás en mi mente y en mi corazón. Y te prometo que nunca olvidaré tus ojos verdes. Te prometo amarte hoy hasta el día que muera– Mi voz se quebró en la última frase, eran sinceras mis palabras, sus ojos se llenaron de lágrimas. En ningún momento había dejado de sonreírme.
Y nos besamos, en ese momento me sentí la mujer más afortunada del mundo, después de todo había logrado ser feliz, había logrado conseguir a alguien maravilloso en mi vida.
-Te amo Lena -
- Te amo Daniel- susurré en respuesta a su declaración
Por instantes había olvidado los acompañantes a la ceremonia, aplaudieron con fuerza nuestro beso, la alegría, la música invadió este bello lugar.