… —Te cuento que me salió el crédito para poner mi restaurante en el centro de la ciudad, cerca de Or…¿Qué estás tomando?. —Ácido folico… Myriam se impresionó y guardó silencio un segundo, antes de poder formular otra palabra. —¿Estás…? —No, no lo sé. Quiero estarlo. —¿Y qué le dirás a Patrick si quedas embaraza y se da cuenta de que no es suyo. Me encogí de hombros, arreglando mi vestido rojo, estilo holgado, de la orilla. —No lo sé y no me importa. —¿Segura?. —Segura… —¿Segura? —dijo una gruesa voz masculina en la puerta. Ambas nos giramos asustadas y con nuestros rostros pálidos al ver de quien se trataba. ¡Mierda! Me había escuchado. … Las flores estaban puestas en cada rincón del salón, el pastel ya estaba listo en el centro de la impetuosa mesa de made

