Y no me atreví a soltar ni una sola lágrima desde que me alejé de él. No me atreví a ni siquiera mirar atrás. Solo caminé, caminé y caminé hacia donde mis pies me llevaran. No iba a casa de Justin, eso lo tenia bien claro ya que el camino que estaba tomando no era para ir allí. Paro en una dulcería y entro sin esperar a que la persona que está por salir, salga completamente. Simplemente me encamino, chocando con el hombro de la señora sin ninguna intención de mi parte. — Buenas tardes, ¿qué necesita?— Y la mujer que no aparenta mas de cuarenta años se ve muy amable para mi gusto, el problema es que no quiero sacar una sonrisa cuando no quiero sonreír justo en este momento aunque me trasmita una simpatía grande. — Deme chocolate, por favor— Lo mínimo que podría hacer es ser educada co

