Después de esa confesión Karl, sentado frente a Adara, no puede dejar de observarla, la madurez con la que recibió la noticia de su verdadera dedicación lo dejó sorprendido. Otra chica con la educación y crianza de ella, perfectamente hubiera armado un escandalo, le hubiera gritado allí en medio de la sala haberla engañado, estaría aterrada, asustada ante las implicaciones que ser el líder de una mafia conlleva. Ella por sobre cualquier mujer, al haber sido pareja de un policía sabe que su dedicación está totalmente alejada de la vida religiosa y la ley. - ¿No me temes? -le pregunta curioso sentado frente a ella en la mesa mientras disfrutan de la cena que él le preparó-. - ¿Tienes intenciones de ahorcarme o algo parecido? -le pregunta mirándolo fijamente-. - Por supuesto qu

