Sin darse tiempo a perder, Karl estaciona su automóvil a un lado en la vía que conduce a la posada, toma su teléfono móvil para marcar el número de su aliado más fiel. - Ezio –lo saluda apenas le contesta la llamada-. - Karl, dos llamadas tuyas en menos de dos días es para preocuparse –le dice en broma- ¿cuéntame para que soy bueno esta vez? - Necesito de tu apoyo para algo que solo sabremos tu y yo –le expresa Karl siendo enfático-. - Aja, ¿a quién hay que ir a buscar? –ante la seriedad que percibe al pronunciar las palabras, le pregunta imaginándose que es una petición de riesgo-. - ¿Recuerdas la información que te pedí ayer? –le inquiere en respuesta-. - La recuerdo, sobre la mujer pequeña ¿qué debo hacerle? –pregunta-. - A ella nada, qui

