Para no darle más pie a seguir exponiendo sus confesiones, que para Adara son a destiempo, pues apenas se conocen, decidió envolver su cuerpo en una de las sabanas que trajo y dedicarse a comer del desayuno que ha de reconocer, está bueno. Karl, pese a ser todo un hombre en el sentido amplio de la palabra y el líder de una de la principales organizaciones criminales de la localidad y del país, es realmente bueno en la cocina, reconoce que lo hace mejor que ella. Se sorprendió de ver todo lo que en la casi media hora de baño que se dio, a él le dio tiempo a preparar. El problema para ella es que mientras más comida le ponga al frente, más va a comer y eso no es muy sano para su salud. - Si sigo así no voy a poder ni caminar -le dice terminando con lo que le quedaba en el plato-.

