Faltando diez minutos para la hora fijada del día que le tocaba retornar a Mikonos, Adara estaba parada en el medio de la sala de estar de sus padres siendo abrazada por su progenitor, quien con nostalgia se negaba a soltarla. - Padre cualquiera piensa que no nos veremos más –le dice Adara sintiéndose abrumada-. - Espero que eso no sea así, bastante sufrimos con el distanciamiento de la última vez –le dice en tono de reclamo-. - Tranquilo, no volverá a pasar. Ya aprendí la lección –le responde mirándolo con ternura-. - Hija que tengas un feliz viaje –le dice su madre abrazándola-, quedo más tranquila porque sé que no correrás riesgos en el camino. Ese chico ha sido esplendido contigo al ofrecerte ayudarte en el traslado de regreso a tu casa. - Así es madr

