Jetzabé De pronto, todo transcurre como en cámara lenta. Veo caer cada trozo de mi pasado con extrema lentitud. No me percato del momento en que mi cuerpo decide moverse por si solo y atacarlo, solo reacciono cuando mis puños se aferran al cuello de su camiseta y con fuerza lo derribo sobre el sillón. Alzo mi puño para tomar fuerza y velocidad, estoy dispuesta a reventar su bonito rostro a golpes. Él sonríe, disfruta de esta situación y no le interesa en lo más mínimo ocultarlo. Detiene mi puño a centímetros antes de estrellarse con su rostro, forcejeo con él, pero termina envolviendo mi mano con la suya. La diferencia de tamaños es más que evidente. Me siento débil, impotente y mis ojos escuecen a causa de las lágrimas que amenazan con salir en cualquier momento. Sin quitar la sonrisa

