—¡Infeliz, no te atrevas a tocarla! O si no… —Vamos, solo fue una pequeña advertencia, ya vez que estamos ante una sociedad muy peligrosa, además, sé que ella es madre, sería una lástima para su pequeño quedarse huérfano. —¡Estúpido, óyeme bien! No sé dónde te escondes, pero ponto te encontraré, y haré de ti un majar para mis perros, no olvides de quién soy hijo —Daniel colgó el teléfono, lo aventó contra el piso, y luego comenzó a saltar sobre él, vociferó una y otra vez, de cierto modo todas las maldiciones que estaba lanzado era su forma de desahogarse. Al recobrar un poco de cordura, Daniel bajo las escaleras y le pido a Aaron, quien ya lo había acompañado varias veces, para que se fuera directo a la casa de Anabell, tarea que sería impedida, pues en cuestión de segundos, el caos v

