Y luego decidí intentar emborracharme. Recogí lo que había y compré el licor más barato. Sabía a orina de burro. En un estado tan terrible, fui de nuevo a la entrada de Edward, pero todo estaba igual allí, en silencio. Rompí su buzón y saqué sus cartas. Las leería para ver si tal vez aprendía algo sobre él. Aunque... probablemente habrá pura basura. Después de meterme en los bolsillos el hallazgo obtenido, me fui a pasear por las calles de la ciudad. Por la mañana sentí todas las consecuencias de la noche anterior. Mi cabeza dolía como si estuviera a punto de partirse por la mitad, mi boca estaba muy seca y de seguro, un balde entero de agua no habría podido saciar mi sed. Las piernas zumbaban por el constante pisotón cerca de la entrada de Edward. El cuerpo olía a alcohol. No podía reco

