Capítulo 9 —¿Luz tiene un don?
Narrador:
Cuando Dilan y Gabriel llegaron a la cabaña acompañados por Lourdes y Deborah, el ambiente estaba cargado de tensión. Lourdes, con el rostro serio y la preocupación latente en sus ojos, fue la primera en notar la ausencia de Caín.
—¿Dónde está mi padre? —preguntó Lourdes, su voz firme, pero con una clara nota de inquietud.
Aurora, que estaba revisando algunos documentos junto a las brujas, levantó la cabeza. Había pasado la noche sin dormir, y la preocupación la había mantenido en vilo.
—Salió hace horas y no ha vuelto —respondió Aurora, intentando sonar tranquila, aunque la molestia y el miedo se reflejaban en su tono —No dijo a dónde iba, y no ha respondido a ninguna de mis llamadas.
Lourdes frunció el ceño, claramente enfadada.
—¿Por qué se fue sin avisar? —insistió, con su tono evidenciando tanto enojo como preocupación —No estamos en condiciones de soportar este tipo de cosas.
Aurora suspiró, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Eso es lo que me tiene preocupada. No es propio de Caín actuar de esta manera, sobre todo en un momento como este. No puedo evitar pensar que algo le está afectando más de lo que quiere admitir.
Gabriel, que había estado observando la escena en silencio, dio un paso adelante.
—Caín nunca ha sido de los que se alejan sin motivo, menos en una situación tan delicada —dijo, su voz firme y grave —Pero si no ha vuelto, tiene que haber una razón. Sin embargo, debería habérnoslo dicho.
Deborah, que había permanecido en la puerta, observando a los demás con su acostumbrada calma, intervino.
—Lo que sea que lo haya llevado a salir así, no cambia el hecho de que necesitamos saber dónde está. Estamos aquí para proteger a Luz Esperanza, y eso incluye saber qué está haciendo cada uno de nosotros.
Aurora asintió, aunque la preocupación seguía reflejada en su rostro.
—Lo sé. Pero si algo le ha sucedido... no sé cómo vamos a manejarlo… —y en ese momento su mirada se cruzó con la Dilan, quien la observaba en silencio.
Lourdes, aunque claramente afectada por la ausencia de su padre, se obligó a mostrarse serena.
—Cuando vuelva, tendrá que explicarme por qué actuó de esta manera —dijo con determinación —No estamos en posición de tomar riesgos innecesarios ni de ocultarnos información entre nosotros.
Aurora respiró hondo, tratando de calmar la mezcla de emociones que la invadía.
—Tienes razón, Lourdes. Pero hasta que vuelva, necesitamos mantenernos enfocados en lo que debemos hacer aquí. No podemos permitir que su ausencia nos distraiga de lo que realmente importa.
El silencio que siguió estuvo cargado de pensamientos inquietos y preocupaciones no dichas. Aunque Caín no estaba en peligro inminente, la incertidumbre sobre su paradero y sus motivos añadía una capa extra de tensión a un ambiente ya de por sí cargado. Aurora se había retirado al dormitorio. Luego de un rato, Dilan decidió y a verla. Ella caminaba de un lado a otro de la habitación, preocupada por la falta de noticias.
—No sé qué pensar, Dilan —dijo Aurora, rompiendo el silencio —No hemos tenido noticias de Caín desde que se fue.
Dilan, que intentaba mantener la calma, la miró con suavidad. Sabía que Aurora estaba inquieta, y aunque él mismo sentía una ligera molestia por la falta de comunicación de Caín, intentó tranquilizarla.
—Tienes que relajarte, Aurora. Cuando tenga alguna novedad, estoy seguro de que se comunicará con nosotros.
Aurora frunció el ceño y respondió con un tono de voz cargado de enojo reprimido.
—¿Por qué no le llamas? Después de todo, ustedes siempre estuvieron en contacto —dijo, dejando entrever su irritación.
Dilan, sintiendo el malestar en sus palabras, decidió enfrentar la situación directamente.
—Mira, Aurora, si tienes algo que preguntarme, hazlo. Pero no me lances indirectas, sabes que no me gustan.
Aurora esbozó una sonrisa sarcástica antes de contestar.
—Perdón, creí que la ofendida era yo por haberme ocultado que estaban en comunicación.
Dilan suspiró, sabiendo que la conversación estaba tomando un rumbo complicado.
—Obviamente quieres que te lo explique…
—No, en realidad no. Solo me interesa la seguridad de nuestra hija, así que no te molestes en contarme la naturaleza de tus conversaciones con el vampiro que, hasta hace muy poco tiempo, era tu enemigo a muerte.
Dilan se mantuvo sereno, aunque sus palabras revelaron un profundo conflicto interno.
—Antes de eso, era mi mejor amigo —reflexionó, recordando los años de camaradería y traiciones que los unían.
Con esa frase, Dilan se retiró de la habitación, dejando a Aurora sumida en sus pensamientos y con el corazón lleno de incertidumbre. Se sentó en la cama, y aunque las lágrimas nublaron sus ojos, se contuvo, sabiendo que su hija podría entrar en cualquier momento.
Justo entonces, Luz Esperanza apareció en la puerta, con una sonrisa que desarmaba cualquier preocupación.
—Mami —saludó, corriendo hacia la cama y saltando a su lado.
Aurora la abrazó con fuerza, buscando consuelo en la inocencia de su hija.
—Hija —respondió, sintiendo que, al menos en ese momento, nada más importaba.
—¿Cuándo vuelve Caín a visitarnos? —preguntó Luz Esperanza, con esa naturalidad que solo un ni*ño puede tener.
La pregunta sorprendió a Aurora, quien no esperaba que su hija recordara a Caín después de tantas horas sin mencionarlo.
—¿Te gusta Caín? —preguntó, intrigada.
—Sí, es lindo y bueno conmigo — Luz asintió con entusiasmo.
Aurora recordó cómo Caín había pasado un buen rato conversando con Luz, bajo la atenta mirada de Sara. La conversación había sido simple, pero la conexión entre ellos era innegable.
—Me alegra que te guste. Es un buen hombre.
—Me dijo que era muy amigo de papá y también tuyo —continuó Luz, con esa sabiduría infantil que desarma cualquier corazón.
—Hace mucho que nos conocemos, sí —admitió Aurora, pensando en todo lo que habían compartido, tanto bueno como malo.
—Él dijo que podemos ir a su casa cuando queramos —comentó Luz, con una sonrisa radiante.
—¿Eso te dijo? — Aurora frunció el ceño, sorprendida por la invitación. No esperaba que Caín extendiera tal ofrecimiento.
—Sí, me dijo que le gustaría que tú y yo fuéramos a su casa a pasar una temporada. ¿Cuándo vamos? —preguntó Luz, poniendo a Aurora en un aprieto.
Aurora buscó la manera de responder sin comprometerse.
—Bueno, no sé, a lo mejor un día de estos. Tendríamos que hablar con papá a ver qué le parece.
—Nosotras vamos a ir, pero papi ya no estará, así que no podrá ir —Esa la respuesta de Luz la dejó sin palabras.
—¿Por qué dices eso? Él es muy amigo de Caín —Aurora sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Porque lo soñé, y Sara sabe que lo que sueño pasa —dijo Luz con la sencillez de quien cuenta un hecho cotidiano, luego se levantó y corrió hacia la puerta.
Aurora la observó, atónita, antes de reaccionar. Salió en busca de Sara, sintiendo que algo más profundo estaba ocurriendo. Cuando la encontró, no pudo evitar confrontarla de inmediato.
—¿Qué sucede, Aurora? —preguntó Sara, notando la agitación en su amiga.
—Luz Esperanza me ha dicho que sueña cosas y muchas veces se hacen realidad. También dijo que tú lo sabías. —Aurora tomó un respiro antes de continuar —¿Es eso cierto, Sara?
—Ya sabes cómo son los ni*ños, Aurora — Sara intentó calmarla. Pero Aurora no estaba dispuesta a recibir respuestas evasivas.
—¡No me salgas con eso, Sara! —exclamó, claramente ofuscada —Ella no es una niña normal.
—Bueno, sí, algunas cosas sin importancia — Sara suspiró, sabiendo que no podía seguir ocultando la verdad
—¿Cómo cuáles? —preguntó Aurora, deseando saber más.
—Quién viene a la casa, qué vamos a cenar y cosas así.
—¿Y tú la incentivas, me imagino? —Aurora sintió una mezcla de alivio y preocupación.
—Sí, Aurora, parece ser alguna especie de don, pero está sin desarrollar aún —Sara asintió, con cierto pesar.
—¿Y cuándo pensabas decírmelo? —Aurora la miró con intensidad.
—Me pareció que aún no había nada que decir. Como te dije, es muy esporádico y cosas sin importancia —Sara se mostró pensativa.
—Pues tus cosas sin importancia pueden complicarse —Aurora no pudo evitar preocuparse más.
—No te entiendo —Sara se mostró desconcertada.
—Luz acaba de decirme que iremos a lo de Caín por una temporada y que Dilan no irá porque no estará con nosotras —Aurora explicó, con una voz cargada de tensión.
—No tienes que tomar al pie de la letra lo que te diga, a veces hay que interpretarla —Sara trató de calmarla.
Aurora negó con la cabeza, sintiendo que la situación se le escapaba de las manos.
—Esta vez fue muy claro lo que me dijo —rezongó —y te diré que no me gusta en lo absoluto que tenga el pensamiento de que su padre la dejará.
—Tranquila, Aurora, seguramente no es literal —Sara intentó suavizar la situación.
—Eso espero. Y te agradeceré que no vuelvas a ocultarme nada con respecto a Luz. Recuerda que es mi hija —Aurora asintió, aunque su mente seguía llena de dudas.
—Descuida, Aurora, no volverá a suceder —la bruja movió la cabeza con solemnidad.