Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando lo miré sentarse en el mismo asiento de siempre. Detuve la carrera y Amy se estrelló contra mi espalda, perdí el equilibrio y me fui de cara al suelo.
—¡Abby! ¿Qué rayos pasa contigo? —Chilló ayudándome a levantar.
Revisé mis manos, un raspón me sangraba en la muñeca. Ardía, pero debería tener más tiempo para revisarlo después.
—Ahí está —dije, señalando a Luca.
—¿Y qué esperas chica? ¿Una invitación formal? —Alargó, dándome un empujón para que caminara.
Respiré profundamente y caminé hacia él. Me detuve en frente y lo observé acariciar la cabeza de Cazador.
—Abigail -dijo sin levantar la cabeza.
—Luca —contesté—. ¿Cómo sabías que era yo?
Sonrió y levantó su cabeza.
—Tu cabello huele a cerezas, te delata a metros de distancia.
Sonreí y me animé a sentarme a su lado.
—No te he visto durante los últimos 10 días.
—Yo tampoco —bromeó—. Lo siento, quise venir a disculparme el día siguiente pero tuve que atender unos asuntos.
—¿Cómo puedes pensar que siento compasión por ti? Eres la mejor persona que he conocido; yo nunca...
—¿Puedo conocerte? —Me interrumpió.
Abrí mi boca y asentí.
-Si.
Luca se acercó a mí y posicionó sus manos en mi rostro, cerré mis ojos mientras él se dedicaba a tocar cada centímetro de mi rostro. Mi corazón comenzó a latir de una manera diferente, la manera en la que lo hacía, era como si iba a salirse de mi pecho. Ian nunca había logrado hacerme sentir de esa manera y estaba asustada.
—Eres hermosa correctamente después de haber retirado sus manos.