Caroline Smith
Siempre me consideré una mujer con objetivos claros en la vida, soñaba con que mis padres entendieran que yo era la persona ideal para poder manejar la empresa, por eso insistí en estudiar administración y negocios internacionales, a pesar de que para mis padres fue una decepción, al final me apoyaron, y todo para terminar con el destino que ellos ya me tenían trazado.
Después de casarme, me volví una mujer sumisa, y obedecía a mi esposo y a mi familia, no quise molestar a mi hermano, ya que él tenía que lidiar con sus propias batallas, y yo, como hermana mayor, falle, no lo pude proteger, pensé que con el tiempo todo mejoraría, pero no, un día no aguante más y al ver que mis padres me culpaban de todo, decidí buscar a la única persona que me podría ayudar.
—Voy a hablar, ven, toma una cerveza conmigo, quiero contarte lo que pasó en verdad.
—Hermana, bebiste mucho, es mejor que me cuentes todo cuando estés sobria.
—Por eso es mejor hacerlo ahora, ya que tengo el valor para poder hablar contigo, si estoy en mis 5 sentidos lo perderé— dije mientras mi cabeza se sentía algo mareada, si no le decía la verdad hoy, no sé cuándo volvería a tener valor.
—¡Está bien hermana!, te escucharé — dijo mientras nos sentábamos en el sofá.
—Quiero contarte todo, desde el principio…
Recuerdo
Me encontraba cansada, había estado buscando trabajo, aunque la pasantía la hice en la empresa de mi familia, quería empezar mi carrera profesional por mi propia cuenta, pero no había tenido suerte apenas entré a la casa, vi a mis padres sentados en la sala, al parecer me estaban esperando, con solo ver sus caras supe que siguen con la idea, “era una pérdida de tiempo que yo buscara trabajo”, siempre me decían esa frase.
—Caroline, siéntate, tenemos que hablar de tu futuro.
—Solo quiero ir, darme un baño y relajarme, ahora no estoy de humor para que sigamos con la misma conversación — dije sin mirarlos, y estaba por subir las escaleras, ya sin fuerzas, quería ir a mi habitación, pero mis padres tenían otros planes que cambiarían por completo mi vida.
—Carolina, nunca conseguirás trabajo y yo me encargaré de ello — Dijo mi padre mientras se levantaba del sofá, me detuve en la mitad de las escaleras y giré para observarlo.
— ¿Qué quieres decir Papá?
— Que tu deber es casarte y dedicarte al hogar, ya tenemos un empresario que tiene unos negocios con nosotros, se casará contigo para poder fusionar una de nuestras sucursales con su empresa.
—¡Padre!, ¿cómo puedes? … — Grité mientras bajaba las escaleras y llegaba a la sala, pero el hombre que me engendró no me dejó terminar.
—Es tu deber, nos lo debes por el tiempo que te dimos educación, lo que invertimos en tu carrera es una suma importante, además, nos debes la vida, somos tus padres, recuérdalo.
—¡Padre, no lo voy a aceptar! — grité.
—No tengo nada más que decir, mujer, habla con tu hija.
Vi como mi padre subía hacia su habitación, con el carácter autoritario que siempre usaba, pero nunca me imaginé que me diría esas cosas.
—Siéntate Caroline.
Con mis ojos cristalizados por las lágrimas que estoy aguantando, me senté para ver a mi madre entregarme un sobre.
—Aquí encontrarás documentos que demuestran que la empresa no está pasando por su mejor momento, de eso depende no solo nuestra familia, sino los estudios de tu hermano, es así de simple, te casaras con ese hombre y seguiremos con nuestros negocios.
No puedo creer que mi madre esté de acuerdo con ese matrimonio, yo tenía mis objetivos claros, si tenía planeado casarme, pero no tan joven y después de realizarme como profesional, no entendía por qué me obligaban a algo que no quería.
—¡No madre!, no me voy a casar, no voy a dejar que ustedes manden en mi vida — Grité mientras me levantaba para irme a mi cuarto.
—Piénsalo Caroline, nosotros nos estamos encargando de que no te acepten en ningún trabajo, además piensa en tu hermano, tu decisión también lo afectará a él.
—¡Madre!
—Mañana conocerás a tu futuro esposo y por las dudas, en el sobre también hay un recordatorio, no queremos que ellos también se queden sin trabajo, sin hogar, recuerda que todos tienen familias, y también piensa en Adrián, así que ni una palabra a tu hermano.
Mientras mi madre subía las escaleras con la misma actitud de mi padre, saqué todo el contenido del sobre, efectivamente, la cosa de la empresa estaba mal, pero lo que más me sorprendió eran los currículums de muchos de mis amigos, y de algunos compañeros de la empresa cuando trabajé durante mi pasantía. Adicional había un documento el cual aclaraba que nada de mis pertenencias estaban a mi nombre, todo lo que supuestamente era mío, carro, tarjetas, celular y hasta mi ropa estaba a nombre de mis padres o de la empresa, un recordatorio de que no tenía nada.
Mis piernas empezaron a temblar, grité como una histeria de la rabia mientras arrugaba todos esos papeles que sostenía en mi mano, en un instante vi todo oscuro, estaba ahogada, no podía dejarme derrotar, pero de ese matrimonio dependía demasiada gente importante para mí, así que no tuve opción.
Al día siguiente mi madre me levanto para la anhelada reunión, ella me obligó a poner mi cara en agua caliente para poderla desinflamar, ya que estaba hinchada por haber llorado toda la noche, además me maquillo, no era de mi gusto, pero tenía que tapar mis ojeras para conocer a mi futuro esposo.
Al entrar al salón de juntas, ya estaba él, mi prometido y sus padres, los cuales se veía que tenían mucho dinero por la ropa y accesorios que llevaban, su actitud de superioridad era peor que la de mis padres, y con respecto a mi futuro esposo, Michael, era atractivo, no lo puedo negar, alto, tez blanca, pero sus ojos, aunque eran de un gris hermoso, mostraban mucha oscuridad.
—Señores bienvenidos, aquí está mi hija, Caroline saluda a tu prometido y a tus suegros— ordenó mi padre.
— Buenos días— solo pude decir eso mientras miraba el piso.
—Los tres me observaron, ninguno respondió mi saludo, mi suegra se levantó y empezó a examinarme de arriba a abajo, como si mirara un objeto que estaba a punto de comprar, camino para acercarse y poder verse desde todos los ángulos, colocó su mano en su barbilla y después asintió con la cabeza, volteo a ver a su esposo e hijo.
—No está mal, es mejor de lo que esperaba, y como ya tenemos la prueba de fertilidad, puedes firmar el contrato.
¿Cuál prueba de fertilidad?, pensé mientras observaba a mi madre confundida, pero ella me hace un gesto de que hablaremos después. Veo como mi padre y suegro firman el contrato y salen, dejándonos a mi prometido y a mí solos.
—¿Está de acuerdo con este matrimonio? — pregunté, con la voz entrecortada y con el anhelo de que él también estuviera en contra y así los dos podernos unir para no casarnos, pero la respuesta me sorprendió mucho.
—Tengo entendido que serás una esposa dócil, no sé a qué viene esa pregunta, esto es un negocio, así que, ¿cuál es el problema? — Su mirada y tono frío me inmovilizaron.
— Yo solo…
—Los detalles del matrimonio lo arreglarán ustedes las mujeres, nosotros nos encargaremos de los contratos, saldremos en algunas ocasiones para que nos vean como la pareja feliz que somos.
—Pero … —No me dejó terminar, su voz fría y actitud me estremecieron, un frío invadió mi cuerpo, dejándome inmóvil.
—Solo te estoy contando, no te estoy preguntando, así que arréglate y pasaré por ti hoy para que me acompañes a un evento importante.
Sin decir más y viéndome como si fuera un objeto, Michael se levantó y se fue, yo quedé congelada, no podía creer lo que me estaba pasando, estaba sola en esa gran habitación, mis piernas no resistieron más y caí de rodillas, mientras mis lágrimas salían sin poder evitarlo, pero no quería mostrar mi debilidad, me levante rápidamente, limpiándome la cara y colocando unas gafas de sol, que cubrieran mi dolor, y así sin más, salí para la casa de mis padres, ya que me recordaban a cada minuto que nada era mío.
Pasaron unos meses, ante la gente éramos la pareja modelo, estaba arreglándome para bajar y que mi padre me entregara a él en el altar, cuando mi hermano entró al cuarto donde me estaba arreglando.
—Caroline, ¿pasa algo?, no sé por qué aceptaste esta idea tan ridícula, insisto en que debes negarte, vámonos, yo te puedo ayudar — Me decía mi hermano con voz de desesperación, pero sabía que este matrimonio también lo protegerá a él.
— Descuida hermanito, al principio fueron negocios, pero estos meses han sido especiales y me gusta mucho mi futuro esposo.
—Hermana, primero era tu profesión, esto…
—Adrián, concéntrate en ti, termina tu carrera y cuando estés en el extranjero, trata de cumplir tus metas.
—¡Hermana! — grito Adrián.
—Abraza a tu hermana, ¿acaso no me vas a felicitar el día de mi boda?, no te preocupes por mí — Adrián me abrazó y por primera vez no me sentí sola, sentí como mi corazón se agitaba y mis ojos se cristalizaron, pero tenía que ser fuerte, no solo por él, sino por toda la gente que apreciaba.
—Caroline ¿por qué lloras?
—Ya sabes, en estas ocasiones nos ponemos sensibles— dije otra mentira más, pero mi familia era una gran mentirosa, meses después de la boda descubrí que la empresa nunca tuvo problemas financieros, solamente querían ganar más poder y dinero, por encima de mi sufrimiento.
La boda fue una gran celebración, Michael me había dicho que seríamos una pareja ante los demás, y que no me obligaría a nada, y menos a cumplir como su mujer, pero en la noche de bodas entró a mi habitación y me obligó a estar con él, y esa no fue la única vez.
Fin del recuerdo.
—¡Voy a matarlo! — Vi como los ojos de mi hermano se llenaron de odio, él se había mantenido quieto escuchando, me tomaba de la mano y me consolaba, pero al decirle lo último, se enfureció, trato de salir del apartamento, casi no puedo detenerlo.
—¡No, Adrián!, no vale la pena.
—¡Claro que lo vale, le enseñaré …!
Tome la cara de mi hermano como pude, para que me viera y se calmara.
—Adrián!, mírame, ese hombre no vale la pena, trata de tranquilizarte, te cuento todo por qué lo más probable es salga a la luz con el tema del divorcio, pero lo que pasó en la noche de bodas, solo lo sabes tú.
—¡Hermana! — me habló con la voz entrecortada, me miraba mientras veía como se le escaparon unas lágrimas — ¿Por qué no me dijiste nada?
—Por las amenazas de mi esposo y mi padre — mi voz temblaba, al igual que mis manos y piernas, pero necesitaba decirle mi verdad — ven, quiero terminar de sacar todo esto de mí, pero prométeme que te mantendrás aquí, no harás nada estúpido, te necesito aquí conmigo y con las ideas claras.
Nos sentamos nuevamente, yo tomé aire para seguir hablando, necesitaba aguantar mi llanto, necesitaba ser fuerte a partir de hoy.
— Después de la noche de bodas, Michael llegaba a veces borracho a la casa, con olor a perfume barato de alguna mujerzuela, varias amantes de él me buscaron para decirme que lo dejara, que él no me amaba, pero lamentablemente él nunca me dejaría, o eso fue lo que me dijo en una de las pocas discusiones, ya que yo solo me limitaba a obedecer lo que él me ordenaba.
—¡Bastardo!
Él maldecía, se jalaba el cabello y después me abrazaba mientras le contaba toda mi historia, Tome aire mientras miraba a Adrián, le sostuve la mano, porque no sé cómo reaccionaría a lo que estaba a punto de decir — en una ocasión, sus golpes me provocaron un aborto.
— ¡Maldito!
No aguante más y empecé a llorar, necesitaba hablar para poder enfrentar mi futuro— Yo no soportaba más, muchas veces les dije a nuestros padres, pero siempre era lo mismo, no podía separarme, tenía que mantener mi lugar y tenía que tener un hijo, pero después del aborto… no pude quedar embarazada, no sé si fue por eso o por los golpes que él me daba.
—¡Caroline, lo siento, yo…! — Vi como sus ojos se cristalizaron, esos ojos azules mostraban odio, pero también tristeza y culpa.
— ¡No es tú culpa!, déjame terminar, la noche que llegué aquí, fue porque tuve una discusión con Michael, parece que una de sus amantes está embarazada, él me dijo que le quitara el niño, y ya que a mí me había quedado “grande” ser madre… yo lo tendría que criar, que lo engañe con la prueba de fertilidad. — Yo seguía mi relato, limpiándome con mis manos, las lágrimas que caían por mis mejillas.
—¿Cuál prueba de fertilidad? — Dijo acercándose más a mí y también note como limpiaba sus lágrimas.
—Para trabajar en la empresa, es necesario hacerse un chequeo médico, el mío fue muy exhaustivo, hay me realizaron los exámenes de fertilidad, sin yo darme cuenta, ¡fue una idiota!
—No Caro, ¿cómo lo podrías saber?, —sentí la mano de mi hermano en mi pierna, apretándola, yo la tomé y la sostuve con mis dos manos, aunque era mayor que él, mis manos se veían pequeñas e indefensas frente a la suya.
—Yo no podía creer que Michael hiciera eso, discutí, me golpeó … le conté a mamá, — empecé a ahogarme al contarle y recordar lo que mi propia madre dijo … —ella me trató muy mal, me dijo que todo era mi culpa, que tenía que cumplir sin importar lo que pasará, que era una inútil como mujer, supuestamente yo tenía que agradecer por la oportunidad que me daba mi esposo, trate de enfrentarla, pero … me pego, me dijo que no era suficiente mujer, no aguante más.
—¡Debiste haberme buscado antes!
—No quería que mis papás te encontrarán, salí corriendo, escuchaba a mi madre gritarme, que debía “cumplir” que mi deber era el que Michael me indicara, tomé un taxi y solo pensaba en estar contigo, eras mi única esperanza, ella debió seguirme, lo siento Adrián.
Yo sabía dónde vivía mi hermano, siempre él me contaba sus pasos y yo mantenía el secreto, estaba feliz porque Adrián era libre, pero lo que me dijo Michael y mi madre, fue lo último que soportaría y decidí escapar, no quería que Adrián sufriera, pero ya no aguantaba más, así que decidí buscar su ayuda.
—Hermana, descuida, yo te apoyaré, y enfrentaremos juntos todo lo que pase, nunca me vuelvas a ocultar nada, confía en mí, y quiero que vuelvas a ser esa mujer de antes de este loco matrimonio.
Adrián me abrazó como si fuera una niña, por fin pude desahogarme, sentía el pecho de mi hermano subir y bajar, estaba llorando, sentía sus lágrimas en mi cara, creo que se siente culpable.
Adrián Smith
Después de la dura conversación con mi hermana, Caroline se durmió en mis brazos, suspiraba de vez en cuando, y saltaba, como si estuviera recordando el infierno que vivió en estos años. Cuando la vi más tranquila, la pase con cuidado a la cama y la deje en compañía de Orión, mi perro, el cual se acostó a sus pies y al cerrar la puerta de la habitación, tome mi celular y llame a mi único empleado y hombre de confianza.
—Alex, sé que es tarde, pero necesito tu ayuda.
—Sabe que puede llamarme sin importar la hora, le debo mucho, además, no me hace trabajar tanto.
— Primero te quería decir que ya no es necesario que le ocultes a mis padres donde estoy viviendo, ya lo saben.
—Sí, me enteré hoy, pero como no me contestó, supuse que debía estar arreglando los asuntos con su hermana.
—¿Qué sabes de eso?
—No mucho, pero estoy investigando a su esposo y familia política, supuse que ustedes necesitan esa información.
—Gracias Alex, para eso te llamaba, averigua todo, hasta lo más insignificante nos puede servir, en especial si hay pruebas de infidelidad de mi cuñado.
—Entiendo.
Al terminar la llamada me sentí vacío, culpable, inútil, como no me di cuenta antes, lo presentía, pero no hice nada, pensé en Milena y salí a ver si había llegado y poder tener paz con solo mirarla. Al llegar a su puerta escuché algunos gritos, cosas rompiéndose, no lo dudé y entré.