Finalmente se sentía bien para caminar, así que se animó a salir y tomar aire fresco de la naturaleza, pensaba específicamente en lo deseosa que se encontraba por ver los dulces retoños de la primavera, así que rápidamente se empezó a vestir, como no tenían criada acompañándolos, Elizabeth se tuvo que vestir sola, y realmente era un desafío con el corsé, cuando lo hubo ajustado se puso encima un vestido ligero, algo decente pero fresco, se terminó recogiendo el cabello y maquillando los hematomas de su rostro, finalmente estuvo lista y salió de su dormitorio, Christian en cuanto la vio pregunto
- ¿A dónde vas? -
- Caminaré -
- Si te das cuenta ¿No? -
- ¿Sobre que? -
- Nuestro padre te mando aquí... para que no te vean... obvio no deberías salir -
- ¿Quién me va a mirar? ¿El perro de los Armstrong? ¡Estamos refundidos en un bosque Christian! -
le dijo enfurecida Elizabeth, ella sabía bien que cada desición que había tomado la tenía en aquella situación, pero aún así eso no significaba que le gustará, miro molesta a Christian, este suspiro y finalmente dijo
- Haz lo que te plazca, pero después no me pidas ayuda a mi... eh -
dijo molesto y se puso de pie para tomar consigo el libro que leía, Christian era un chico talentoso, por eso a su corta edad ya no iba a la academia, Elizabeth frunció el ceño ligeramente y salió de la cabaña, camino por el sendero unos cuantos kilómetros y a lo lejos diviso un río, se acercó y observo la fuerza que llevaba, se sentó a la orilla y miro el flujo del agua, estaba resignada a pasar la tarde ahí, hasta que alguien le dirigió la palabra
- Creí que jamás saldrías de tu torre -
dijo Eliot, ella lo miro sorprendida y rápido respondió
- ¿Porque tendría que estar en una? si lo hago es por voluntad propia... -
- Dime... ¿Le dijiste a tu padre sobre quién te hizo eso? ¿Que pensara cuando sepa la verdad? -
- ¿Acaso es una amenaza? ¡No puedo creer que en algún momento pensé que eras buen partido! -
él río de lado y dijo
- Lo sigues pensando Elizabeth -
- Usted quisiera señor... -
Eliot río ante las palabras de Elizabeth, su lado ególatra le hacía pensar en lo buen prospecto que era, aún para una mujer de alta cuna y hermosa apariencia, por otro lado, Lizzy si lo había pensado, pero su orgullo no le permitía continuar con esas emociones que en un inicio sintió, frunció suavemente los labios, apunto de continuar hablando, pero él hablo
- No es normal que un hombre agreda así a otro... no hay excusas Lizzy, piensa lo que quieras sobre eso... pero no es correcto -
- ¿Y que si es correcto? Señor Armstrong -
- Eso es lo de menos, Señorita -
- Dígalo -
- No soy un hombre que tenga perfecta moral... -
Ella se acercó peligrosamente a él y dijo
- Jamás dije lo contrario -
él la miro a los ojos fijamente, entonces ella se dio cuenta de la cercanía de sus labios, e instintivamente retrocedió un paso, lo miro fijamente a los labios, y finalmente hablo de nuevo
- Por favor, sea un hombre decente -
- ¿Acaso no lo soy? -
- ¡Basta! deje de interrogarme, es lo que menos nesesito -
Él la miró algo confundido y estiro su mano para acariciar su rostro, pero a escasos milímetros de ella, se detuvo, no podía tocarle sin su consentimiento, así que se detuvo, ella se quedó muda ante la situación, con un nudo de emociones que no la dejaban pensar de manera consciente, y uno de sus tantos deseos anhelaba el tacto de él, ella dio un paso hacia enfrente, acercando su rostro a él y entonces él la miro sorprendido, comprendía perfectamente que ella está correspondiendo a los propios deseos de él, acaricio suavemente la piel de ella, ella cerró sus ojos y el entonces cerró los suyos, era tan exquisito la sensación y electricidad de deseo que corría entre ambos, ella acuno la mano de el en su rostro y con un suave movimiento la acercó a su pecho, entonces ella dijo suavemente
- no se que me has hecho, aveces siento que te detesto, pero justo ahora mi corazón late fuertemente ante tu caricia ¿Acaso me ah hechizado? -
- Señorita ¿Acaso no se ah dado cuenta que el hechizado soy yo? -
él removió suavemente la mano del pecho de ella, acariciando el borde de la tela que hacía contacto con su pecho, ella se estremeció al tacto, y por instinto arqueó su espalda, dejando más visibles los pechos delante de él, él se detuvo y tomo de la mano de ella, ambos caminaron en silencio hasta llegar a la cabaña del señor Armstrong, él se detuvo en seco y dijo
- no te pregunte antes... -
volteo a mirarla a los ojos y entonces pregunto
- ¿Deseas entrar? -
ella asintió en silencio y el abrió la puerta para ella, ella paso y finalmente él cerró detrás de él, camino por el salón y tomo unas copas para ofrecerle un trago, ella lo acepto y bebió lentamente, mientras se sentaba, el se acercó y se puso de rodillas frente a ella, con una mano alzó suavemente el vestido que usaba, y le quitó con delicadeza la zapatilla, después con un movimiento suave bajo la media, dejando la piel pálida y suave expuesta, él recorrió con los dedos aquella tersa piel hasta llegar a los muslos, ella gimió ante el tacto, no entendía porque su cuerpo reaccionaba de aquella manera, pero sabía bien que pedia a gritos la caricias de él, ella separó suavemente las piernas para él, él en cuanto vio aquellos carnosos labios rosas con un movimiento ágil, separó más las piernas de ella, y con las llemas de los dedos finalmente tocó aquella húmeda y caliente piel.