AGNA Me desperté sobresaltada. Mi habitación se había oscurecido cuando el sol hizo una reverencia por el día. Hace ya unos meses que vivo con Cristopher. Cuando quise regresar a casa de mis padres, se quejó como niño pequeño, y no me dejó hacerlo, no era que opuse mucho tampoco, dado que me la pasó mas en su ático que en mi propio hogar. Mis manos fueron a mi cara y a mis labios entumecidos. Dios mío, perdí un día. Mi boca todavía tenía un sabor amargo, pero era manejable. Me sentí relajado. Mi cuerpo estaba descansado, tal vez demasiado descansado. He tenido días duros, porque estoy en los últimos meses de mi semestre. Cristopher me ha estado ayudando con algunas materias, y Edward también ha venido uno que otro día a la semana para ayudarme también. Ha este ultimo lo he sentido

