Capítulo dos

1136 Words
Kaet estaba saliendo con Felix desde hace ya casi un mes y todavía no habían tenido relaciones sexuales, lo que era muy sorprendente, Kaet era una persona muy adicta al sexo. Pero claro en el tiempo en que no había tenido sexo con Felix se había masturbado y no solo con su mano, también con varios juguetes sexuales,  tenía una colección de estos.  Eso era lo que iba a hacer justo ahora...o eso iba a pasar según los planes de Kaet pero no para los de Felix, ya que llamó por teléfono en el momento en que el rizado iba a tomar uno de sus consoladores. Bufó molesto e irritado, tomó el celular y atendió. —Hola, bebé.                    — ¿Qué? ¿Hoy era la cena? Casi lo olvidó.  —No, claro que no. En unos minutos llegaré allí. Cortó la llamada y observó el consolador por unos minutos. —Otro día te tocara, amigo. Hoy es turno de Felix... o eso espero. —Murmuro en voz alta e hizo una mueca para sí mismo al terminar la oración. — No creo que pueda aguantar más sin tener un pene dentro  —Susurró luego para sí mismo, a la vez que se dirigía para su armario. Se vistió rápido con un traje y zapatos, iban a ir a "Etse", un restaurant reconocido y elegante, bueno, en realidad él iría, Felix ya estaba allí desde hace 30 minutos, Kaet no lo hubiera hecho esperar si lo hubiera recordado pero la verdad era que su necesidad de tener algo dentro suyo no le dejaba pensar a veces. Cuando terminó de alistarse salió disparando hacia el lugar donde sería su cita. Entró a "Etse" después de llegar y se dispuso a buscar con la mirada a su chico, cuando lo encontró se dirigió hasta el con paso decidido y una muy seductora sonrisa. Ya al estar frente a Felix acercó su rostro al de él y lo beso de forma intensa y desesperada, con la intensión de hacerle saber cuánto le deseaba, le contestó de igual forma y se alegró por eso, hace un más o menos una semana se venían besando de esa forma casi todo el tiempo pero lamentablemente nunca había llegado a ser más que eso o que un par de manos en lugares donde comúnmente no iban. ... La cena se basó en charlas sobre su semana y  sus trabajos, alguna que otra insinuación s****l (esto puso muy feliz y hasta un poco excitado a Kaet) y besos castos, solo algunos era más pasionales pero no pasaba de eso. —Kaet—El morocho elevó solo una esquina de sus labios en una sonrisa entre traviesa y seductora, mientras lo miraba atento. — ¿Te gustaría ir luego para mi casa? —Levantó una de sus cejas y amplio su sonrisa. Con un leve movimiento dejó su mano encima de la del rizado y le dio con su pulgar caricias por entremedio de sus dedos, provocándole un estremecimiento. "¡Por fin, ya era hora, Felix!" Pensó mientras saltaba de alegría mentalmente. Sonrió ampliamente. —Claro, Felix. Me encantaría. El resto de la cena se la pasaron conversando, sin más insinuaciones sexuales, pero Kaet ya no estaba preocupado por ello, porque si Felix lo invitaba el esperaba que fuera para tener sexo y no hacer cosas tontas de pareja como acostarse y ver una película o algo de eso. Cuando ambos terminaron sus platos Felix se levantó y Kaet le siguió fuera del restaurante hacía su auto.  ...   La espalda de Kaet chocó contra la pared del living de la casa de Felix, éste lo sostenía de la cintura de forma dura y lo besaba agresiva y desesperadamente. El de ojos verdes recorría la espalda y nuca del morocho con sus manos, acariciando su piel ya desnuda con las yemas de sus dedos. Kaet se había sacado la camisa y pantalón a los minutos de haber entrado a la casa, mientras que el de ojos miel había tardado más y hasta el momento solo se había quitado la camisa. El morocho bajó sus manos hasta el trasero del rizado y lo apretó ligeramente. Acercó sus labios a su oido. —Vamos a mi habitación. —Le susurró con voz ronca cerca del oído y mordió el lóbulo de su oreja. Kaet solo se limitó a asentir frenéticamente, Felix rió suavemente y lo llevó de la mano hacía su habitación. Dentro comenzaron nuevamente a besarse pero un poco más suave, el morocho recostó en la cama al de rulos y se subió encima de él, besándolo con más intensidad y recorriendo el pálido cuerpo de esté con sus manos. Kaet se sentía un poco avergonzado, estaba realmente excitado, pero se notaba que su acompañante no lo estaba lo suficiente, o eso podía notar cuando el otro pegaba sus cuerpos juntos. No sentía una dura erección otra la suya y eso lo preocupaba. ¿No sería capaz de excitar como se debía al morocho? "Claro que no puede ser eso, nunca has tenido problemas con conquistar chicos" pensó, esquivando esos negativos pensamientos de su mente. Dejando de pensar, se concentró en sentir, cerró los ojos y tiró la cabeza sobre la almohada que estaba detrás de su cabeza. Pudo sentir como el morocho bajaba su bóxer y acariciaba sus muslos y piernas mientras lo hacía. Él soltaba roncos gemidos, a la vez que ayudaba a su amante a quitar su ropa. Levantó un poco la cabeza y abrió los ojos cuando sintió las manos del otro sobre su m*****o y muslos, una de ellas se deslizaba lentamente, mientras que las otras lo acariciaban sutilmente en los muslos internos, buscando con sus dedos la entrada de él. Pudo observar como Felix aún tenía su pantalón y la ropa interior, se mordió el labio inferior al subir la mirada por el cuerpo, tenía los abdominales marcados, aunque se veía en partes, ya que estaba encima de él. Volvió a tirar la cabeza en la almohada cuando sintió los dos dedos del de ojos miel presionar sobre su entrada, esté fue introduciéndolos lentamente para después moverlos y abrirlos como tijeras dentro. Con su lengua acariciaba la glande del m*****o del rizado. Cuando ya estuvo lo suficiente estirado el morocho retiró los dedos dentro de él y se bajó el pantalón y el bóxer para poder penetrarlo con su m*****o, luego de minutos cuando lo hizo Kaet no lo sintió. Pensó que le había metido tres dedos muy juntos en lugar de dos. —Puedes meter ya tu pene, ya sabes. —Susurró Kaet de forma entrecortada y con la voz muy ronca, Felix no le entendió y tampoco le interesaba hacerlo, por lo que siguió embistiéndolo.   Como el morocho no le contestaba el rizado levantó un poco la cabeza, abriendo los ojos, vio como en realidad lo estaba embistiendo con su m*****o y casi pega un grito (el cual Felix pensó que era de placer pero había sido, en realidad, de susto), él ni siquiera había sentido la diferencia con sus dedos.   
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