El viaje que abre caminos El amanecer de Buenos Aires se filtraba por las ventanas del departamento cuando Marco y Gala empezaron a preparar las valijas. No era una mudanza, no todavía. Era un viaje de reconocimiento, un “vamos a ver”, pero en sus corazones sabían que podía ser el comienzo de algo mucho más grande. Los chicos estaban emocionados. Para ellos, cualquier salida era una aventura. Para Marco y Gala, en cambio, era un viaje cargado de posibilidad. —¿Falta mucho? —preguntó la nena mientras guardaba su muñeca favorita en la mochila. —Todavía no, mi amor —respondió Gala, acomodándole el abrigo—. Es solo un fin de semana. Pero importante. Marco cerró la última valija, respirando hondo. Sentía ese cosquilleo en el estómago que solo le aparecía cuando la vida estaba por cambiar d

