“La Noche Que Los Cambió Para Siempre” El silencio de la habitación estaba cargado, pero no era un silencio pesado. Un silencio así solo existe cuando dos personas están completamente conectadas, cuando no hace falta hablar porque todo ya está dicho con una mirada, una respiración, un roce. Gala seguía recostada sobre el pecho de Nicolás, su mano dibujando círculos lentos, casi distraídos, pero llenos de una ternura que lo derretía por dentro. —No pensé que se podía sentir algo así —dijo ella, con un susurro casi tímido. —¿Así cómo? —preguntó él, acariciándole el cuello con la yema de los dedos. Ella levantó la cara y lo miró, con los ojos brillando en la penumbra. —Esto… —susurró—. Esta mezcla de paz y fuego. De calma y… de nosotros. Él sonrió, acomodándole un mechón detrás de la

